La cosmética incorpora el maquillaje a la protección

Organismos como la SEFAC (Sociedad Española de Farmacia Comunitaria) han publicado protocolos de actuación para la profesión ante casos de patologías o afecciones relacionadas con la piel, lo cual demuestra la necesidad de recuperar el hábito de cuidar y proteger a nuestra gran “olvidada”

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Anualmente se realizan en las farmacias españolas diez millones de consultas relacionadas con los cuidados de la piel. Ello no significa que los ciudadanos estemos suficientemente concienciados respecto a la importancia de proteger nuestra dermis y mantenerla en un estado saludable. Los síntomas de que algo sucede son visibles y palpables en la inmensa mayoría de los casos, pero no es menos cierto que muchas veces tendemos a relativizar los efectos de determinadas afecciones, algo que no haríamos con total seguridad si cualquier otro órgano de nuestro cuerpo mostrase cualquier signo de alerta.

La piel lo aguanta todo… o no. Para empezar, porque no todas las pieles son iguales, y cada tipo de piel requiere de unos cuidados específicos. La edad, el sexo, los factores ambientales y la fisiología de cada persona también son factores determinantes. Además, los cuidados deberían acentuarse ante problemas como el acné, la hipersensibilidad, el envejecimiento o patologías como la atopía.

Supongamos que estamos acostumbrados a atender a las normas más comunes (y de sentido común) en la higiene y el cuidado diario de nuestra piel: limpiamos concienzudamente nuestro rostro, hidratamos diariamente nuestra piel, bebemos líquidos en abundancia, usamos fotoprotectores en verano y en invierno, y mimamos con delicadeza manos, cuello y escote. ¿Todo esto es suficiente? Quizá debería serlo, pero la experiencia nos de muestra que nadie está exento de padecer determinadas afecciones de mayor o menor gravedad.

En este punto conviene detenerse en aquellas personas cuya piel reacciona de forma desproporcionada ante agentes externos (frío, calor, polución…), productos cosméticos o de higiene, o incluso medicamentos. No sufren ninguna patología, pero la hipersensibilidad de su piel hace que ésta se irrite con mayor facilidad que una piel normal. Hablamos de una “piel intolerante”, frágil, vulnerable, víctima potencial de tiranteces, picores, ardores y todo tipo de síntomas ligados a la irritabilidad y la incomodidad que, sin embargo, no se ven en la mayoría de los casos (se sienten, pero no se ven).

Según un estudio de la Academia Europea de Dermatología y Venereología, unos once millones de españoles declaran tener la “piel intolerante”, aunque la cifra puede no responder a la realidad dado que no existe ninguna prueba específica para diagnosticar ni marcadores que confirmen el diagnóstico clínico. Lo que sí se sabe es lo siguiente: señores y señoras afectados/ as, eviten en lo posible los productos abrasivos a la hora de lavarse (y por favor, no se laven en exceso); compren productos cosméticos sin perfumes y, por supuesto, hipoalergénicos; busquen ingredientes calmantes como el aloe vera, y bálsamos limpiadores desmaquillantes específicos para su piel; protéjanse del sol todo el año; eviten los tratamientos de peelings; y apuesten por la farmacia como canal de compra habitual para recibir el consejo profesional del farmacéutico, adecuado a su tipo de piel y su problema específico.

De intolerancia a patología

Teenager eating chcolate looking in phoneGrosso modo, la intolerancia de la piel puede adquirirse a lo largo de los años (es decir, pasando de una piel normal a una “intolerante”) por factores exógenos, o bien puede existir una predisposición genética que aumenta la sensibilidad natural de la piel ante los alérgenos medioambientales que, en general, son bien tolerados por el resto de la población. En este segundo caso la intolerancia se considera patológica, circunstancia que los expertos han relacionado directamente con afecciones como la rosácea, el acné o la psoriasis; es decir, con enfermedades propias de la piel.

La patología cutánea más frecuente es, sin duda, el acné. Causado por múltiples factores, afecta a las glándulas productoras de sebo (grasa) localizadas en la cara, la espalda, el pecho, los hombros, e incluso la parte superior de los brazos. Es muy característico de la adolescencia y la juventud (afecta a casi el 75% de la población entre 13 y 18 años), y golpea con mayor fuerza a mujeres que a hombres; no en vano, el acné masculino suele solventarse hacia los 20-25 años, mientras que en las mujeres puede persistir hasta pasados los 40.

Existen factores cuya relación con la aparición de esta enfermedad está científicamente comprobada: predisposición genética, estrés, el ciclo menstrual o el embarazo, el uso de ciertos cosméticos y/o medicamentos (corticoides, antidepresivos, derivados de la vitamina B…)… Otros, sin embargo, siguen siendo mitos nunca demostrados. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de los efectos perniciosos del chocolate, los frutos secos o los embutidos sobre nuestra piel? Pues bien, no se ha logrado demostrar hasta ahora la relación entre las lesiones de acné y estos productos.

La variedad de lesiones (inflamatorias y no inflamatorias) que puede provocar el acné es muy amplia. En función de éstas y del grado de gravedad del paciente, la Asociación Española de Dermatología y Venereología recomienda seguir tratamientos tópicos con geles antiacneicos; tratamientos sistémicos (para casos moderados o graves) mediante la administración de antibióticos, queratolíticos o antiandrógenos; u otros posibles tratamientos como los peelings químicos y las microdermoabrasiones, que permiten suavizar o eliminar las cicatrices.

Variantes crónicas

Si hablamos de diferentes tipos de acné, podríamos referirnos claramente al llamado “acné rosácea”, rosácea o cuperosis, que no es otra cosa que una dermatosis inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a la zona central de la piel del rostro. Se caracteriza por presentar episodios transitorios de rubor, enrojecimiento, teleangiectasias, pápulas y pústulas (granitos), que se distribuyen de manera simétrica respetando la zona alrededor de los ojos. Los síntomas siguen un curso evolutivo crónico en el que se alternan períodos de empeoramiento y mejoría.

Clínicamente, la rosácea se desarrolla especialmente por las zonas seborreicas de la zona media del rostro (nariz, mejillas, mentón, frente y entrecejo), pero las formas intensas llegan a cubrir toda la cara, incluyendo los párpados, y se propagan también hasta el cuello.

En este caso, y según datos publicados oficialmente, la enfermedad afectaría a personas de entre 30 y 50 años de edad, siendo más frecuente en las mujeres y más grave (o con más complicaciones) en los hombres. Eso sí, casi un 80% de las personas con esta patología experimenta una clara mejoría cuando evita sus factores causantes, que pueden ser hereditarios, personales, externos (rayos UV, contaminación, frío y viento, cambios bruscos de temperatura, bebidas calientes, picantes, alcohol…), o internos (estrés, ansiedad, emociones intensas…).

A día de hoy parece claro que la rosácea es una enfermedad crónica que no tiene cura. Aun así, se puede tratar y controlar en la consulta del dermatólogo. ¿Cómo? Además de evitar los posibles factores desencadenantes (tratamiento preventivo), podemos aplicarnos protección solar y cosméticos que mejoren la trama vascular, o bien optar por tratamientos farmacológicos a base de metronidazol y ácido azelaico tópicos. Al igual que en el caso del acné, el tratamiento sistémico con antibióticos sólo está indicado en casos moderados o graves, así como en la rosácea ocular y en aquellas formas leves que no respondan al tratamiento tópico.

Maquillaje protector

Smiling woman on the beach putting sun cream on her boyfriends backUno de los factores causantes más dañinos para nuestra piel es el sol, esto es, los rayos ultravioleta que, lejos de lo que muchos pudieran pensar, no existen sólo en verano. Acostumbramos a protegernos con cremas y filtros solares durante nuestros escarceos por la playa en época estival, pero olvidamos esta importante labor de prevención durante el resto del año. La exposición al sol acumulada durante los 365 días del año provoca el llamado fotoenvejecimiento, acompañado de consecuencias tan diversas como unas arrugas o un cáncer de piel.

Para esta exposición diaria, los cosméticos pueden ayudarnos a proteger nuestra piel con los ingredientes adecuados y aplicados de manera correcta. En este aspecto, la Skin Cancer Foundation se refiere no sólo a cremas hidratantes, sino también a los productos de maquillaje. Al elegir la base de maquillaje, conviene buscar una que contenga un FPS (Factor de Protección Solar) entre 8 y 15. Tras cubrir el maquillaje con un polvo traslúcido, se completará la rutina con el maquillaje habitual sin olvidarnos de los labios. Por otro lado, si no usas lápiz labial con regularidad, aconsejamos usar un bálsamo con un FPS de 15 o superior; si, por el contrario, usas lápiz labial de forma regular, evita lápices muy brillantes y con poca pigmentación (un lápiz labial opaco proporcionará una mejor protección).

Hoy en día cada vez son más numerosos los maquillajes que contienen protección ultravioleta en sus componentes. En ellos se combinan las últimas innovaciones para proteger la belleza natural de la piel de agentes externos que pueden suponer una amenaza. Sin embargo, dado que los maquillajes con protección solar no suelen incorporar altos FPS, no son adecuados para lograr una protección total y, por tanto, deberían ir acompañados de otro tipo de filtros solares.

Ventas en dermo

En cuanto al comportamiento de los productos de esta categoría en el mercado, las ventas en dermofarmacia general experimentaron un crecimiento más que notable hasta el último cuatrimestre de 2016. Datos ofrecidos por IMS Health arrojan subidas importantes para los principales laboratorios (excepción hecha de Vichy), con La Roche Posay como mayor impulsor de este crecimiento tanto en unidades como en valores; en concreto, incrementó sus ventas de unidades un 12,8% durante agosto-octubre 2016 respecto al anterior cuatrimestre, y más de un 10% en términos interanuales (últimos doce meses). En valores, subió casi un 10% en el último año y un 11% en relación al período anterior, aunque en este caso se vio superado por Isdin (13,7% y casi 28 millones de euros de facturación), que también obtuvo buenos registros en unidades (8,7% de incremento respecto a mismo período). Avene y Reckitt Benckiser completan el ranking de los cinco mayores fabricantes de productos de belleza, capilares, accesorios, higiene personal y cuidado del bebé.

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