“Limpieza, hidratación y fotoprotección son básicos en la piel del paciente oncológico”

Charlamos con Jesús Pérez, máximo responsable de oncología de la marca, para ponernos en la piel de estos pacientes y conocer a fondo los mecanismos de prevención más importantes

jesus-perez-fierro-laroche-posaySe incide mucho en la protección de la piel para evitar consecuencias como el melanoma o cáncer de piel. ¿Somos igual de conscientes sobre los efectos adversos de tratamientos oncológicos como la quimioterapia?

La verdad, debo decir que no en la misma medida que la protección solar. Lo que nos encontramos en los servicios de enfermería oncológica a nivel hospitalario es que los pacientes se preocupan por cuidarse la piel cuando aparecen las toxicidades cutáneas, mucho más que de su prevención. Aunque (y aquí debo romper una lanza en nombre de la enfermería), cada día más se adoptan medidas de prevención y concienciación sobre los efectos adversos de las terapias oncológicas que se están administrando. Actualmente, se conocen con profundidad y con muchos estudios clínicos los daños que produce la exposición solar sobre la piel; y con especial énfasis en la piel del paciente oncológico; pero no se conocen de igual manera los daños que pueden producir las nuevas terapias oncológicas como la terapia dirigida, la hormonoterapia, la inmunoterapia, etc.

¿Cuándo empieza la industria a derivar sus esfuerzos en categoría dermo en los tratamientos de la piel post-cáncer?

Es a los comienzos del siglo XXI cuando se empieza a investigar en profundidad el daño que producen los tratamientos oncológicos en la piel de los pacientes, coincidiendo con la aparición de las terapias dirigidas. Si nos referimos a La RochePosay, que es el laboratorio que mayor número de estudios y pacientes estudiados tiene en el ámbito dermocosméticooncológico, nos trasladamos al año 2008, que es cuando se forma el grupo ESKIMO a nivel europeo y comienza la investigación en este área.

¿Cuál de las diferentes terapias (quimio, radio, inmunoterapia, terapias dirigidas…) ti ene una mayor incidencia en la apariencia de nuestra piel?

Sin lugar a dudas, es la terapia dirigida la que está presentando un mayor daño en la piel de los pacientes. Anteriormente, la radioterapia también producía mucho malestar en las zonas de pliegues, cabeza y cuello, y especialmente en la mama. Pero ha cambiado con la aparición de nuevas terapias, nueva aparatología mucho más precisa, y mejores formas de tratar a los pacientes irradiados.

Nos queda una gran interrogante: la inmunoterapia. En las últimas jornadas de formación en enfermería oncológica se trató en profundidad este tema, y se concluyó que a día de hoy no se conoce en profundidad su efi cacia frente a otros tratamientos, y cuáles serán los efectos adversos de este tratamiento.

¿Cuál es el nivel o grado de incidencia de esos efectos secundarios cutáneos en los pacientes oncológicos españoles?

Según los últimos datos publicados, 2 de cada 3 pacientes que se someten a un tratamiento oncológico pueden presentar una toxicidad cutánea a lo largo de su tratamiento.

¿De qué tipo de impactos o consecuencias hablamos? ¿Cuáles son las más importantes?

Los tratamientos pueden producir cambios o daños en el sistema digestivo, ocular, auditivo, nasal, órganos genitales, … También en el estado nutricional. Pero sobre todo impactan en la piel, disminuyendo su calidad de vida. Algunas de las toxicidades pueden ser: xerosis, queratosis pilar, eritema, fotosensibilidad, erupción acneiforme, exantema maculopapuloso, fisuras, radiodermitis, alopecia, flebitis, mucositis, lesiones por extravasación, paroniquias, síndrome mano-pie…

Muchas de estas toxicidades cambian el aspecto del rostro, lo que produce una carga emocional y psicológica incluso mayor que el daño físico. Hablamos, por ejemplo, de la despoblación de cejas o  pestañas, la aparición de manchas, cicatrices, cambios de coloración en la piel del rostro, tonos apagados, etc.

¿Qué recomendaciones nos haría para cuidar la piel durante el tratamiento?

Existen 3 medidas básicas de cuidados de la piel que se deben tomar en cuenta desde el comienzo de la enfermedad: limpieza, hidratación, y fotoprotección.

La limpieza es un paso fundamental, y muchas veces olvidado por médicos y enfermeras. Eso sí, una limpieza inadecuada puede agravar los efectos secundarios. Se necesitan limpiadores suaves “sin jabón” que respeten el pH de la piel, enriquecidos con elementos hidratantes.

La hidratación refuerza la función barrera protectora de la piel, devolviéndole su suavidad y elasticidad, lo que disminuye el picor, la tirantez y la sensación de disconfort. Se necesita utilizar fórmulas con activos nutritivos, hidratantes, calmantes, antipruriginos, que no contengan alcohol, lanolina, perfumes añadidos o parabenos.

El caso de la fotoprotección es vital en todos los casos, utilizando siempre un SPF 50+ y evitando al máximo la exposición solar. Otras medidas a tomar en consideración son: elegir ropa holgada, de lino o algodón; evitar cualquier rozamiento sobre las zonas irradiadas, sobre todo con objetos metálicos; evitar cualquier tipo de vendaje adhesivo; usar agua tibia para el momento de la ducha; secar la piel con suavidad, sin frotar.

A nivel de protección solar, ¿qué pautas y productos debe adquirir cada persona? ¿Depende del perfil de paciente oncológico, o de la terapia a la que está sometido?

El paciente oncológico es un paciente diferente. Debe realizar una protección solar óptima cada día, dado que las probabilidades de fotosensibilidad de las moléculas utilizadas es muy alta. Esto signifi ca que se debe proteger con productos de amplio espectro frente a radiaciones UVB-UVA cada día, incluso en días nublados, con reposiciones constantes, y evitando la exposición directa al sol. La protección solar es la mejor defensa de la piel.

¿La piel del rostro requiere de cuidados añadidos o especiales?

El rostro sufre en mayor porcentaje que el cuerpo los efectos de los tratamientos, por lo que necesita cuidados y mimos especiales. No debemos olvidar que el rostro es el refl ejo que ofrecemos a los demás, y que nos permitirá sentirnos bien al vernos bien.

Necesitamos utilizar productos específicamente elaborados tanto para la limpieza como para la hidratación, con agentes calmantes e hidratantes; fórmulas minimalistas con envases herméticos que preserven el producto evitando la oxidación y la contaminación. A ser posible enriquecidos con agua termal, no deben contener perfumes, ni alcohol, ni conservantes, ni lanolina.

¿Qué efectos tienen las terapias oncológicas sobre el aspecto de las uñas? ¿Cómo evitarlos?

Como todos los tejidos de renovación celular rápida, la matriz de la uña es especialmente sensible a la quimioterapia por encima de cualquier otra terapia. Como resultado, se producen modificaciones ungueales que pueden afectar al color, al crecimiento o al aspecto de la lámina ungueal. Hablamos de la onicolisis, las paroniquias, y los granulomas.

La mejor prevención frente a esta toxicidad es la hidratación adecuada con una crema adaptada para la lámina de la uña, la cutícula y los bordes laterales de la uña. También se puede aconsejar a los pacientes que se corten las uñas de forma periódica (rectas y no demasiado cortas), acudiendo a un pedicuro o podólogo antes del tratamiento. Conviene no morderse las uñas, y siempre será mejor limárselas antes que cortárselas.

Si se realizan trabajos en el hogar, debemos usar guantes de algodón y, encima de éstos, guantes de plástico. Por lo demás, se recomienda procurar disminuir los traumatismos en la zona, reducir las inmersiones prolongadas en agua, y utilizar esmaltes de uñas sin formaldehidos, colofan ni alcohol que se puedan retirar con quitaesmaltes sin acetona. Por último, el calzado a usar debe ser amplio y lo más cómodo posible.

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