“La artrosis es la enfermedad crónica más común entre los ancianos”, Doctor Alfonso González, geriatra y coordinador en la Sociedad Española de Geriatría

Hay enfermedades que son características de personas de una franja de edad concreta, la artrosis es una de ellas y, por norma general, afecta a personas de la tercera edad. Prevención y acudir al especialista en cuanto notamos los primeros síntomas es lo mejor que podemos hacer.

Alfonso-González

– ¿Qué es la artrosis?

La artrosis, conocida también por otros nombres como enfermedad articular degenerativa u osteoartritis, es el resultado de un desequilibrio en la homeostasis o correcto funcionamiento del condrocito, la célula principal presente en las articulaciones. Aunque se considera al condrocito como el elemento clave, en su inicio y progresión participan también todas las estructuras articulares, desde el cartílago hasta la cápsula y los ligamentos. Más que una enfermedad aislada, se la considera un síndrome de la articulación sinovial en el que aparecen un conjunto de síntomas similares a consecuencia de distintas causas; para entendernos, sería un destino común al que se llega por varios caminos. El fenómeno que subyace es la falta de acoplamiento entre los procesos de degradación y los procesos de síntesis de los componentes de la matriz articular, con un predominio de los primeros frente a los segundos.

– ¿En qué medida afecta a las personas mayores?

La artrosis es la enfermedad crónica más común entre los ancianos, el proceso osteoarticular más frecuente y la primera causa de dolor crónico y discapacidad en este grupo de edad. Según el método de evaluación y los criterios diagnósticos empleados hablamos de una prevalencia de artrosis sintomática de entre un 50-80% entre la población mayor, que se ha visto aumentada en los últimos años a consecuencia del progresivo envejecimiento de la población (a más individuos con más años, mayor proporción de casos en el total de la población). Su incidencia (aparición de nuevos casos) aumenta con la edad, siendo más frecuente en las mujeres.

– ¿Es cierto que la padecen más personas de unas profesiones concretas que otras?

Existe una artrosis llamada idiopática (es decir, aquella en la que el origen de la misma es desconocido), pero también existe un conjunto de artrosis, llamadas secundarias, en la que sí conocemos el proceso que las originó; entre estas artrosis secundarias se encuentra la artrosis postraumática. Es muy frecuente observar mayor degeneración de una articulación si esta ha sufrido en el pasado algún traumatismo importante (lo que se ve muy habitualmente en gente que tuvo accidentes de tráfico en su juventud o edad adulta, por ejemplo).

Los traumatismos de baja intensidad o microtraumatismos repetidos (pequeños golpes o percusión sobre las articulaciones) también pueden provocar una mayor y más precoz artrosis. Éste sería el caso de gente que hubiera trabajado en situaciones en las que sus articulaciones hubiesen sufrido un cierto estrés, siendo más proclives a padecer artrosis localizadas en las regiones donde estos pequeños golpes se recibieron. Estaríamos refiriéndonos a personas que habitualmente hubieran trasportando pesos, utilizado todo tipo de herramientas manuales (desde martillos a agujas de costura o lapiceros), gente que trabajara durante mucho tiempo arrodillados, subiendo o bajando escaleras…

– ¿Cuáles son los primeros síntomas?

El dolor es el síntoma principal, aunque no siempre está presente (a veces se ve una afectación de la articulación en su radiografía que no tiene traducción sintomática, o en la que ésta es mínima). Es un dolor de tipo mecánico (asociado al movimiento) que con frecuencia disminuye con el ejercicio y reaparece con la actividad prolongada, mejorando con el reposo. El dolor en reposo es raro y se relaciona con etapas tardías de la enfermedad o con brotes inflamatorios. Tiene además un componente emocional muy importante en el que situaciones como la ansiedad, la depresión y el aislamiento social -factores muy prevalentes en el paciente mayor- pueden influir en la percepción del mismo.

Otros síntomas que acompañan a la artrosis son la rigidez, la limitación de la movilidad, la crepitación (ese crujir que se acompaña al movimiento y que percibe cualquier persona que pose su mano sobre la articulación artrósica) y grados variables de inflamación local o derrame.

Lamentablemente, en muchos ámbitos actuales el dolor en el anciano es un síntoma insuficientemente diagnosticado y tratado por muchos motivos, siendo uno de los más peligrosos la falta de sensibilización del médico ante dicho síntoma cuando se presenta en un paciente crónico, teóricamente estable y con multitud de problemas médicos por resolver aparte del dolor. Pero también influye en este hecho una cierta resignación por parte del mayor, que puede llegar a interpretar el dolor y la pérdida de la función como algo natural, inherente al proceso de envejecimiento (“son cosas de la edad”). Es labor de la Geriatría, junto a otras muchas especialidades, el vencer esta inercia tanto a nivel de los profesionales sanitarios como entre los mismos pacientes.

– ¿Qué tratamientos básicos existen al respecto? ¿Es necesaria la intervención quirúrgica?

Desgraciadamente, en la artrosis no podemos hablar de tratamiento curativo, por lo que es importante explicar al paciente la naturaleza de la enfermedad, que comprenda que puede estar condicionada por factores de riesgo no modificables y que la sobrecarga mecánica de la articulación favorece la progresión de la misma.

Existen tratamientos farmacológicos que han demostrado ser eficaces en el control de síntomas, principalmente el dolor, basados en la administración de analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y la inyección intraarticular de corticoides.

Recientemente se han incorporado al arsenal terapéutico los denominados Symptomatic Slow Action Drugs in Osteoarthritis (SYSADOA), que son fármacos de acción lenta para el control a largo plazo, con un perfil más amable respecto a efectos secundarios que el de los AINEs; entre ellos se incluye el sulfato de glucosamina, el condroitín sulfato, la diacreina y la inyección intraarticular de ácido hialurónico.

Es importante destacar que todos los fármacos deben estar prescritos por un facultativo responsable, que conozca las peculiaridades de cada fármaco e informe detalladamente a cada paciente tanto de las ventajas como de los posibles efectos adversos de cada uno de los tratamientos instaurados, evitando siempre la tan peligrosa y a menudo infravalorada automedicación.

El tratamiento de la artrosis se debe realizar de forma escalonada, instaurando inicialmente medidas preventivas y no farmacológicas, añadiendo fármacos con posterioridad y, si no existe respuesta, recurrir a técnicas quirúrgicas.

Las indicaciones para plantearse una posible intervención son el dolor en reposo o nocturno intenso o aquellas situaciones en las que haya una importante dificultad para caminar o realizar las actividades cotidianas del día a día.

En los pacientes de más edad es igualmente importante hacer una valoración global del estado de salud y el riesgo quirúrgico existente antes de ofrecer a un paciente concreto la opción de la cirugía.

Las técnicas principales son, de menos a más drásticas, el lavado articular simple o artroscópico, las osteotomías en rodilla o las prótesis articulares, las más habituales pero no exclusivas a nivel de la articulación de la cadera y la rodilla. El traumatólogo de confianza es el que mejor podrá aconsejar respecto a la mejor técnica disponible para un caso de artrosis en un paciente concreto.

– ¿Qué tipo de recomendaciones indican para evitarlas o mejorar el estado de la misma de forma natural?

Dentro de las actividades preventivas destacaríamos sobre todo la importancia del ejercicio físico aeróbico y la educación respecto al mantenimiento de una correcta “higiene postural”, es decir, una buena posición del cuerpo al estar sentados o de pie, al caminar o al levantar objetos desde el suelo. Al respecto de los beneficios del ejercicio y cuáles son las prácticas más recomendadas la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) tiene disponible en su página web de manera gratuita materiales diversos para profesionales, personas mayores o público general.

Una medida sobre la que también es importante incidir es la pérdida de peso, sobre todo en lo que se refiere a las articulaciones que soportan todo el peso corporal (miembros inferiores y columna). Un menor peso implica un menor sufrimiento articular, mayor agilidad y facilidad de movimientos. Un correcto calzado que facilite una distribución de cargas simétrica a nivel de ambas extremidades también es muy importante.

Tratamientos complementarios como la fisioterapia, ayudas técnicas que faciliten una descarga de la articulación al caminar (bastones, muletas), hidroterapia y termalismo también son aproximaciones beneficiosas, que inciden sobre la idea del “tratamiento integral”, y no solo centrado en fármacos o cirugía.

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