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La esencia de los medicamentos homeopáticos

homeopatiaLa homeopatía funciona favoreciendo las posibilidades naturales del organismo, orientándolo hacia una respuesta adaptada contra la agresión que ésta ha producido en el mismo.

Se trata de que el organismo ponga en marcha sus recursos de adaptación y reparación (Bell 2012), ya que lo ideal es que los síntomas desaparezcan, porque ha recuperado su forma normal de funcionar y no por suprimir las señales de alarma. En algunas ocasiones, por ejemplo en el caso de la fiebre, el síntoma no es efecto directo del germen, sino que forma parte de una respuesta natural, que ha sido exagerada por el organismo en su intensidad o duración; en este caso se trata de acompañar al organismo para ayudarle a modular esa reacción, de modo que el proceso de recuperación sea más rápido y menos molesto.

En el caso de enfermedades crónicas o complejas, esta respuesta debe ser “sistémica”, es decir, que debe producirse a nivel de todo el organismo y no sólo de un órgano concreto.

Por eso mismo, al especialista le hace falta en- tender al paciente globalmente, y considerar la constitución de éste y sus múltiples problemas de salud como un sólo desorden, que tiene diferentes manifestaciones.

En la consulta del médico la homeopatía es una herramienta más a disposición del profe- sional. Hacemos un diagnóstico valiéndonos del interrogatorio, exploración y pruebas médicas que se consideren oportunas, y sólo entonces toca decidir cuál es la mejor estrategia para ayudar al paciente: ¿Fármacos convencionales? ¿Dieta? ¿Rehabilitación? ¿Ejercicio? ¿Psicoterapia? ¿Cirugía? ¿Homeopatía? Muy a menudo, la respuesta es “varias de ellas a la vez”; en concreto, los medicamentos homeopáticos son compatibles con los fármacos convencionales, por lo cual combinarlos cuando sea necesario resulta de gran interés y repercute positivamente en la recuperación del paciente.

Otra diferencia a la hora de usar medicamentos homeopáticos es que un buen número de ellos no sirven para tratar un problema, sino un problema “con sus apellidos”. Por ejemplo, no diríamos que los principios activos elaborados a partir de Coffea o Nux Vomica sirven para el insomnio, sino que el primero sirve para el insomnio transitorio de conciliación (no me puedo dormir) con hiperideación (pienso en muchas cosas, saltando de una a otra), mientras que el segundo serviría para el que sufre de despertares de madrugada, pensando en un problema del día anterior o en lo que tengo que resolver al día siguiente. Todo el mundo entiende que ambos problemas tienen un origen y un desarrollo distinto y, desde la homeopatía, se les da también una solución distinta.

Afortunadamente, disponemos de medicamentos homeopáticos que combinan diferentes principios activos, para que sirvan a la vez para diferentes tipos de insomnio (o de tos o de dolor articular). También hay medicamentos como, por ejemplo, los que se fabrican con el archiconocido Árnica, para los que no hacen falta los “apellidos” porque vale para todo tipo de contusiones y dolor muscular.

Además, algunos medicamentos están ajustados a un perfil muy concreto de paciente y pueden ayudarle de forma global, y no sólo en uno de sus problemas. Es fácil evocar la imagen de ese niño delgado, frágil, observador pero tímido, con cierto retraso en el crecimiento y que tiene con frecuencia infecciones de todo tipo (otitis, orzuelos, anginas, abscesos, etc.); pues bien, un medicamento a base de Silicea podría ser el que le ayude a disminuir esa vulnerabilidad y desarrollarse mejor.

Para recibir tratamiento homeopático uno puede acudir a su farmacia (por cierto, la ley sólo permite comprar homeopatía en las farmacias, debido a que está catalogada como “medicamento”), y cada vez más médicos convencionales utilizan también algunos medicamentos homeopáticos. Sin embargo, el especialista en homeopatía es quien mejor sabe usar el conjunto de los medicamentos homeopáticos y quien puede identificar esos tratamientos que ayuden al paciente de forma más global.

La razón más habitual para recurrir a la homeopatía es que los pacientes la toleran muy bien y raramente experimentan algún efecto secundario, normalmente leve (Dantas 2000). En este sentido, es frecuente usarla para los resfriados y dolores de garganta, síntomas de alergia, ansiedad y numerosos problemas de piel. Muy a menudo se usa, gracias a esta seguridad que ofrece, durante el embarazo (Bishop 2011).

Por otro lado, la razón principal para acudir a un médico homeópata es encontrar solución a problemas que no parecen tener una respuesta definitiva con el tratamiento convencional (Sharples 2003): infecciones de repetición, como las de garganta y oído en los niños o las cistitis en las mujeres, problemas crónicos de piel, digestivos, dolores articulares y cada vez más pacientes con fibromialgia. Incluso los pacientes con cáncer acuden para poder tolerar mejor la quimioterapia, mejorar su estado de ánimo y disminuir la fatiga que se produce (Molassiotis 2005), sin duda, la suma redunda en mejores resultados.

En conclusión, la homeopatía funciona, sola o combinada con otros tratamientos, tanto en pacientes con problemas aislados, que a menudo se tratan desde la farmacia, como en aquellos con problemas crónicos o complejos, que un médico homeópata puede entender y tratar de forma global; así podrá mejorar su control y disminuir la necesidad de otros tratamientos más agresivos. Su mayor ventaja: lo bien que se tolera porque respeta el organismo, acompañándolo hasta que se repare y recupere el equilibrio. Por todo ello, se está convirtiendo en un recurso cada vez más conocido y utilizado por la población española (G. Díaz 2013).

 

Dr. Gualberto Díaz Sáez

Especialista en Homeopatía y Director Médico de Boiron