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Fotoprotectores, en clave de sol

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En el campo de la fotoprotección existe un gran desconocimiento sobre cómo protegerse bien del sol. Y es que los consumidores sólo basan su elección en un FPS alto (Factor de Protección Solar), un gran error que conduce a que muchos sobreexpongan la piel por más tiempo a los rayos solares.

Protección frente a las radiaciones UVA/UVB/IR

Las primeras radiaciones solares que se estudiaron fueron las UVB (290-320 nm) que son las que crean el eritema y las quemaduras solares y las que se tienen en cuenta a la hora de definir el factor de protección solar de un producto cosmético. Por lo tanto, a más protección frente a UVB más factor de protección solar.

Unos años después se descubrió que las radiaciones UVA (320-400 nm) también tienen un efecto a nivel cutáneo. Aunque no tienen consecuencias directas y visibles a corto plazo, estas radiaciones penetran hasta la dermis y actúan a distintos niveles, siendo una de las principales causas del envejecimiento cutáneo prematuro, alergias solares, herpes, pérdida de defensas e incluso cáncer de piel.

Los últimos estudios en este sector ya definen que hay una tercera radiación IR (>790 nm) que al penetrar en la piel produce una gran cantidad de radicales libres y un aumento significativo de temperatura, que produce la desnaturalización de varias proteínas y consecuentemente también contribuye a envejecer. 

¿Cómo se consigue una protección solar de amplio espectro?

Los fotoprotectores están formulados con filtros solares, ingredientes que evitan que las radiaciones solares penetren en la piel. Existen dos tipos:

Filtros físicos: actúan creando un efecto pantalla que se queda a nivel superficial y no reaccionan con la piel. Reflejan totalmente la radiación solar impidiendo que ésta penetre en la piel y produzca enrojecimiento y quemaduras. Sin embargo, son los responsables del efecto “color blanco” que dejan los productos solares y que no suele gustar a los consumidores.

Filtros químicos: actúan absorbiendo la radiación solar ultravioleta antes de llegar a la superficie de la piel mediante la conversión de la luz en energía calorífica. Lo que hacemos realmente cuando usamos este tipo de protector solar es aumentar la resistencia de la piel a la radiación solar retardando las posibles quemaduras. Son mucho más agradables al tacto pero tienen un leve efecto adverso y es que consecuentemente producen radicales libres.

Protección fotodérmica molecular, la última innovación en fotoprotección

Una nueva generación de productos cosméticos fotoprotectores ha logrado mimetizar el código de protección solar, con el que la piel responde a la influencia de los rayos UVA/UVB/IR. Lo último en este campo consiste en el diseño de una nueva generación de mecanismos de protección molecular que podríamos denominar Cosmética Fotodérmica.

Los protectores solares se adentran en el campo de la fotodermatología para desarrollar fórmulas que eviten los perjuicios inmediatos de los rayos UVB (quemaduras) y que protejan del daño silencioso provocado, a largo plazo, por los rayos UVA (envejecimiento de la piel, la pérdida de defensas, las alergias e incluso cáncer de piel). Así, los nuevos protagonistas en el cuidado cutáneo frente al sol son las moléculas fotobiológicas que ayudan a la piel a autoprotegerse, actuando  en una segunda línea de fotoprotección a nivel  interno, tan importante o superior a la convencional. Son ingredientes activos con propiedades cosméticas beneficiosas para la piel (antienvejecimiento, reafirmantes, reparadores tisulares, desensibilizantes, correctores de la pigmentación, reparadores del ADN, antirradicales…) y que además se les conoce una actividad fotoprotectora, sin ser considerados filtros solares y por lo tanto sin los efectos adversos de éstos. Con ellos se consiguen productos que protegen de las radiaciones solares UVB, UVA e IR y que además aportan múltiples beneficios cutáneos.

¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de comprar un protector solar?

En el momento de escoger un protector solar, debemos tener en cuenta que el FPS sólo mide el riesgo de quemadura solar ligado a los rayos UVB, pero no previene del daño silencioso provocado por las radiaciones UVA (invisibles y perjudiciales a largo plazo para la salud de las personas).

En la actualidad, la clave de la selección de un buen fotoprotector  tiene en cuenta el grado de protección de los rayos UVB, con un alto FPS, y el de los rayos UVA en el que se basa la simbología PA* acompañado de signos + (de menor a mayor protección un rango entre un símbolo + a cuatro ++++), o bien el símbolo que garantiza esta protección según los estándares COLIPA  .  La vanguardia en protección solar no sólo aporta un FPS alto, sino que también apuesta por un PA elevado.

Sin duda, cabe hacerse la reflexión de que la ciencia cosmética seguirá estando en constante evolución  dando vueltas a la tuerca de la innovación y la calidad, ofreciéndonos productos con los que sorprendernos y seguir apasionándonos con un sector tan demandante como es el mundo de la  belleza.

Sandra Carmona, Communications & PR de Prima-Derm