Los medicamentos para la gripe son un grupo de fármacos que atacan los síntomas pero no las causas de la enfermedad. La mayoría de los expertos aconsejan la administración de la vacuna como método más eficaz para prevenirla
Tos, mucosidad o fiebre son algunos de los síntomas más típicos de la gripe y el resfriado, dos afecciones que año tras año nos visitan cuando bajan las temperaturas. La gripe es una enfermedad infecciosa aguda de las vías respiratorias causada por un virus que se presenta de forma periódica, principalmente en invierno. Los virus de la gripe pertenecen a la familia de los Orthomyxoviridae, de los que se conocen tres tipos: A, B y C.
Los tipos A y B son los causantes de las epidemias, mientras que el C sólo provoca infecciones sin síntomas o con cuadros clínicos poco trascendentes. Una característica del virus de la gripe es su elevada capacidad de mutación: estas variaciones implican la aparición de nuevos virus gripales, frente a los que el ser humano no tiene protección inmunológica hasta que entra en contacto con la nueva variante.
La gripe es un importante problema de salud, tanto por la mortalidad que puede provocar directa o indirectamente, como por los costes económicos y sociales que origina. Actualmente existen vacunas antigripales con una alta efectividad y seguridad para controlar la gripe, pero debido a la elevada capacidad de los virus gripales de variar año tras año, la vacuna debe actualizarse cada nueva temporada y administrarse anualmente.
Síntomas
La fuente de infección está en las personas enfermas, que la transmiten a los demás por vía aérea, al toser, hablar o estornudar. La infección ocasiona una alteración de la mucosa respiratoria mucho más severa que la que se da en procesos catarrales, y la afectación del estado general también es mucho más marcada.
El cuadro clínico inicial típico suele comenzar de forma brusca con fiebre y es calofríos, acompañados de dolor de cabeza, congestión nasal, molestias de garganta, malestar general, dolores musculares, pérdida de apetito y tos seca. La fiebre y los dolores musculares suelen durar de 3 a 5 días, y la congestión y el decaimiento pueden durar hasta 2 semanas.
Algunos síntomas de la gripe son comunes a todas las edades; en cambio, otros son más específicos de determina dos grupos de edad. Por ejemplo, en ancianos es frecuente la aparición de difi cultad respiratoria o la producción de esputo, mientras que en niños son frecuentes las otitis medias y las molestias abdominales.
Tratamiento farmacológico
El tratamiento de la gripe suele ir enfocado a tratar los síntomas que la enfermedad produce, explican desde portalfarma.com. Sin embargo, actualmente existen cuatro antivirales frente a los virus gripales (amantadina, rimantadina, zanamivir y oseltamivir), aunque su uso es muy limitado. Estos antivirales pueden reducir la duración de la enfermedad si se administran en los primeros días tras el inicio de los síntomas.
Su composición suele basarse fundamentalmente en un analgésico/antipirético para bajar la fiebre y aliviar el dolor (ibuprofeno, paracetamol); un descongestivo para desatascar la nariz en la congestión nasal (pseudoefedrina o fenilefrina); y un antihistamínico para mejorar los síntomas similares a los producidos por la alergia como secreción nasal, estornudos y lagrimeo (clorfenamina). La principal diferencia entre ellos suele ser el analgésico utilizado en su composición.
Según el Ministerio de Sanidad de los antivirales citados anteriormente, la amantadina y la rimantadina actúan contra la proteína M2 de los virus gripales A, y son eficaces si se dan en las primeras cuarenta y ocho horas. Tienen efectos secundarios (5-10%) como: nerviosismo, ansiedad, insomnio y trastornos gastrointestinales, y además pueden desarrollar rápidamente resistencia intrínseca y cruzada, con lo que el tratamiento ya no sería efectivo.
Por su parte, los nuevos inhibidores de la neuraminidasa (zamamivir inhalado y oseltamivir oral) actúan frente a los virus gripales A y B, y han demostrado eficacia si se administran también en las primeras cuarenta y ocho horas. Zanamivir tiene como efecto secundario más frecuente la reagudización del asma, y no se recomienda en personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. En el caso del oseltamivir, éste puede provocar alteraciones gastrointestinales como nauseas y vómitos.
De los fármacos antigripales existentes, actualmente en España están autorizados y comercializados tres de ellos: amantadina, zanamivir y oseltamivir. Alguno de estos fármacos antivirales puede ser utilizado también como prevención, pero en ningún caso debe ser un sustituto de la vacunación. Están indicados como método preventivo en algunas situaciones especiales, como en sujetos de alto riesgo que no han podido ser vacunados o en los que no se produce una respuesta adecuada de anticuerpos tras la vacunación.
El mercado de antigripales en España tuvo un comportamiento desigual en 2015, en el que pudimos apreciar valores positivos tanto en venta de unidades como en valores desde el mes de agosto hasta bien entrado el final de año. Di ciembre supuso, sin embargo, un punto de inflexión en la tendencia alcista (cuyo pico llegó en septiembre) y registró un decrecimiento del 7,3% en volumen y del 4,5% en valores respecto al mismo período del año anterior. Un dibujo radicalmente opuesto al experimentado en 2014, cuya segunda mitad osciló entre cifras negativas (el mes de octubre fue la excepción) y diciembre fue precisamente el inicio de la recuperación en este segmento, según estadísticas aportadas el pasado mes de enero por IMS Health (hoy Quintiles IMS).
Por Comunidades Autónomas, La Rioja presentó el mayor crecimiento en 2015 con un 27% (26,8%) de incremento en valores sobre las ventas totales de antigripales, seguida muy de lejos por Aragón (9,6%) y Murcia (8,4%). La mayor caída fue a parar a Galicia (-15%), acompañada por las Islas Canarias (-11,4%) y Andalucía (9,7%) en el furgón de cola, el de los números rojos.
Vacunación
Analizada la existencia y eficacia relativa de los medicamentos para luchar contra la gripe estacional, lo cierto es que la mayoría de los expertos coinciden en que la vacunación es el método más eficaz para prevenir la enfermedad. La OMS se encarga de recoger información de más de cien centros centinela de vigilancia epidemiológica de la gripe distribuidos por todo el planeta para elaborar la vacuna antigripal para la siguiente temporada.
La vacuna de la gripe contiene tres cepas (dos tipo A y una tipo B) que representan los virus que más probablemente circulen en el invierno siguiente. La mayoría de las vacunas se fabrican a partir de virus cultivados en huevos embrionados de gallina que posteriormente son inactivados y fraccionados.
Se recomienda esta vacuna sobre todo a personas con alto riesgo de sufrir complicaciones en caso de padecerla, así como para personas en contacto con estos grupos de alto riesgo (por riesgo de transmisión).
¿Cuáles son los grupos de riesgo? Las recomendaciones aprobadas por la Comisión Nacional de Salud Pública cita los siguientes:
- Personas de edad mayor o igual a 65 años.
- Personas menores de 65 años que presentan un alto riesgo de complicaciones derivadas de la gripe.
- Personas que pueden transmitir la gripe a aquellas que tienen un alto riesgo de presentar complicaciones.
- Otros grupos (personas que trabajan en servicios públicos esenciales, personas en contacto con aves potencialmente infectadas por el virus de la gripe aviar…).
Desde la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) aseguran que la vacuna es imprescindible en enfermos, ancianos y niños. Sin embargo, los niños menores de 6 meses no deben ser vacunados; tampoco han de hacerlo aquellas personas con alergia al huevo, con hipersensibilidad a las proteínas de huevo, o que hayan tenido una reacción alérgica severa a una vacunación anterior con vacuna de la gripe.

