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La revista del canal farmacia

Leches infantiles: calidad garantizada

La industria alimentaria y la farmacia se coaligan para ofrecer a los más pequeños alternativas a la leche materna cada vez más logradas desde el punto de vista nutricional, sin desatender los requerimientos vinculados a la necesaria seguridad alimentaria

Baby drinking milk from bottleEl sector de la alimentación infantil parece haber superado el bache de la crisis, y la estabilización de la tasa de natalidad ha aliviado, en cierta forma, un mercado que venía lastrado por el número de nacimientos registrados en el conjunto del país. En la actualidad se sitúan en torno a los 427.000 anuales, cifra que sin embargo sigue contrastando con los 520.000 niños y niñas nacidos/as en 2008; así pues, un año más la tasa de natalidad aparece como factor esencial para explicar la situación del mercado de alimentación infantil en España, y así lo considera el último informe Alimentación en España 2016 elaborado por Mercasa.

Las leches infantiles recuperan posiciones y alcanzan el segundo lugar en la distribución organizada, con cuotas del casi 20% en volumen de ventas y del 37,4% en valor (sólo la partida de potitos y comidas supera estas cifras). Dentro de las leches, las líquidas registran porcentajes del 11,7% del total en volumen y del 19,5% en valor, mientras que las leches en polvo suponen los restantes 8,2% en volumen y 17,9% en valor.

Son guarismos pertenecientes al pasado ejercicio, en el que se vendieron alrededor de 59.000 toneladas de alimentos infantiles (4.000 más que el año anterior) por un valor cercano a los 500 millones de euros (20 millones más que el año anterior). Los incrementos interanuales oscilan entre el 1,2% en volumen y el 2,5% en valor, cuando en el año anterior las caídas habían sido del 1,2% y del 2,9% respectivamente.

La distribución comercial de los alimentos infantiles se reparte a partes casi iguales entre hipermercados y supermercados por un lado, y farmacias por otro. En este sentido, la farmacia acapara alrededor de la mitad de todas las ventas de alimentos infantiles en valor, mientras que en volumen su cuota se reduce a algo menos de una tercera parte. Eso sí, todas las estimaciones apuntan a que las farmacias son el canal más importante en las ventas de leches infantiles, sobre todo en polvo.

Producción minuciosa

La leche materna en los primeros meses de vida tiene muchos beneficios para el bebé y para la madre. Proporciona anticuerpos que protegen al bebé frente a enfermedades, reduce la probabilidad de desarrollar alergias, eczemas o diabetes, y facilita la vuelta a la normalidad (el útero vuelve más deprisa a su tamaño natural y retrasa el inicio de la menstruación).

Dicho esto, la leche materna no es insustituible. Hoy en día, la industria dedica mucho tiempo y esfuerzo a la investigación para aproximar la composición de las leches para lactantes al patrón de referencia, valorándose también el crecimiento y otros índices metabólicos como el perfil de aminoácidos esenciales para conocer la adecuación de las leches artificiales a las necesidades del niño. Tratan de medir la calidad adecuada de los nutrientes en función de las necesidades nutricionales de cada etapa a través de un complejo proceso de producción.

En el caso de una marca conocida, toda la línea de producción está controlada mediante un sistema de control de la producción en tiempo real, lo que permite estandarizar los procesos de producción y gestionar la trazabilidad de las materias primas que componen el producto. Mientras, su sistema de mezcla en húmedo garantiza una mezcla homogénea, de forma que el bebé siempre reciba una proporción adecuada de nutrientes. Por último, el envasado se realiza bajo una atmósfera modificada libre de oxígeno, evitando así la alteración de las propiedades organilépticas y aportando al producto un sabor y olor muy agradables.

La elección de una fórmula adecuada es fundamental para la correcta nutrición del lactante. La mayoría de las fórmulas disponibles en la actualidad contienen leche de vaca cuyas proteínas se alteran considerablemente para hacerla más fácil de digerir, ya que el bebé no estará listo para digerir leche de vaca normal hasta después de su primer año de vida.

A partir de aquí, tenemos leches especiales que se adecuan a las especificidades de cada lactante: basadas en soja, sin lactosa, hidrolizadas, metabólicas, para bebés prematuros y de bajo peso, etc. Lo que hace que una fórmula sea diferente de otra son los carbohidratos o las proteínas específicas que usa. Por ejemplo, la caseína y el suero son dos tipos de proteína de la leche de vaca que se encuentran en diversas proporciones en diferentes marcas de fórmula basada en leche de vaca. La mayoría de las fórmulas comercializadas contienen una proporción similar a la de la leche materna, es decir, un 60% de suero y un 40% de caseína. Algunos estudios indican que las proteínas del suero de la leche se digieren más rápido que la caseína, lo cual puede resultar beneficioso para bebés que padecen reflujo gastroesofágico.

Aportes adicionales

La fórmula es una sustancia desarrollada de forma muy cuidadosa, con cantidades precisas de docenas de nutrientes (carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas, minerales, nucleótidos, almidón, fibra, aminoácidos…). Por ello, no es recomendable agregar vitaminas, ácidos grasos, aceites o leche común a la fórmula del bebé a menos que el pediatra lo recomiende. Se ha demostrado que el aceite de oliva, por ejemplo, puede ocasionar daño permanente en los pulmones debido al peligro de inhalarlo al regurgitar.

Además, debemos atender al ajuste en el aporte de proteínas de las leches artificiales, dado que el exceso de proteínas en la dieta predispone al padecimiento de enfermedades como la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2 o la esclerosis renal. A este respecto, un estudio realizado por la Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano del departamento de Medicina y Cirugía de la Universidad Rovira i Virgili ha demostrado recientemente que consumir leche artificial con un alto contenido proteico durante el primer año de vida tiene efectos sobre la función cardíaca que se hacen evidentes cuando el niño tiene sólo dos años, debido al sobrepeso derivado de este tipo de alimentación.

“Si el niño pesa más, el corazón trabaja más y bombea más sangre. Si esto se mantiene a lo largo del tiempo, el corazón podría sufrir una sobrecarga y tener más riesgo de hipertrofia”, asegura Joaquín Escribano, uno de los coordinadores del estudio. En los once años que han pasado desde el inicio del proyecto Earnest (proyecto de programación de nutrición temprana), la Unión Europea ha rebajado el rango de proteínas que deben tener las leches infantiles que se comercializan.

Cereales

A partir del quinto mes, la leche deja de ser el alimento exclusivo del bebé y comenzamos a introducir nuevos alimentos en su dieta, como las papillas de cereales. Éstos aportan energía, vitaminas, minerales y fibra, constituyendo el “combustible” natural del organismo. Son ricos en hierro, y contribuyen además a reforzar el sistema inmunitario del niño. Algunas papillas de cereales llevan azúcares añadidos, pero se recomienda elegir aquellas sin azúcares añadidos para que el bebé se acostumbre a sabores menos dulces.

Los primeros cereales que tome el bebé (hasta el sexto mes aproximadamente) deben ser sin gluten, y su introducción a partir de entonces deberá ser progresiva de forma que podamos comprobar cómo lo tolera y detectar a tiempo posibles alergias o intolerancias. En general, se recomiendan entre 5 y 10 gramos de cereales infantiles sin gluten a partir de los cinco meses, añadidos al biberón de la mañana. A partir de los seis meses, se puede pasar a 20 gramos diarios de cereales con gluten, repartidos entre el biberón de la mañana y el de la noche.

La Asociación Española de Fabricantes de Cereales alude a diversos especialistas para aconsejar una distribución porcentual del total del aporte calórico equivalente a un 25% de cereales en el desayuno, un 30% en la comida, un 15% en la merienda y un 30% en la cena.

Uno de los cereales más completos a nivel nutricional es la avena, que puede introducirse sin problema a partir de los siete u ocho meses en papillas preparadas de multicereales o haciendo nosotros mismos una papilla con harina o copos. Tiene vitaminas B1 y E, además de hierro, calcio, zinc, potasio, fósforo, magnesio y manganeso. Destaca su contenido en Omega 6, ácido linoleico, fundamental para el buen funcionamiento metabólico. En definitiva, su riqueza nutricional, especialmente rica en grasas saludables y en proteínas vegetales, la hacen ideal para complementar la alimentación infantil.