El Grupo de Trabajo sobre Alcohol de la Sociedad Española de Epidemiología ha elaborado un documento con distintas recomendaciones que hace públicas ante la futura Ley de Prevención del Consumo de Alcohol por Menores de Edad
La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) vuelve a pedir a los poderes públicos que trabajen para reducir el consumo de alcohol entre la población, sobre todo entre los más jóvenes, para mitigar el daño que causa este hábito.
El Grupo de Trabajo sobre Alcohol de la SEE acaba de hacer público el posicionamiento de la sociedad científica ante el anuncio por parte del Gobierno de España del desarrollo de una Ley de Prevención del Consumo de Alcohol por Menores de Edad. Un documento en el que se pide la introducción de cambios fiscales para elevar el precio, regular la excesiva disponibilidad de bebidas alcohólicas, así como la promoción y la publicidad, normalizar el etiquetado e incluir advertencias gráficas de los riesgos.
Asimismo, reclaman que se vele activamente para impedir su venta a menores, incrementar la detección temprana y abordaje sistemático de los problemas de abuso y dependencia y garantizar el acceso a tratamientos efectivos en el sistema sanitario público. En su relación con los accidentes de tráfico, recomiendan revisar a la baja los niveles de alcoholemia.
La SEE recuerda que la frecuencia en el consumo de alcohol y borracheras entre jóvenes se ha duplicado en los últimos 20 años y que su precio en España es el más bajo de la Unión Europea. Entre las recomendaciones que incluye el informe destaca la necesidad de no transmitir que el consumo de alcohol es una práctica saludable y señala que una parte de las personas que beben diariamente sufren un trastorno por dependencia.
Los autores del informe de la SEE subrayan que la ingesta de bebidas alcohólicas se asocia a consecuencias sanitarias, sociales y económicas tan negativas o más que las que produce el tabaco, que afectan tanto al consumidor como a terceras personas. Así, explican que su ingesta puede tener un impacto negativo en la salud, incluso en personas que no realizan un consumo elevado. No obstante, a diferencia del tabaco, la percepción de riesgo asociada al consumo de alcohol continúa siendo muy pequeña.
Recomendaciones a los poderes públicos
•Mantener y reforzar las actuales políticas sobre alcohol y conducción que han mostrado su valor.
•Introducir cambios fiscales que eleven el coste de las bebidas alcohólicas para desincentivar su consumo, de forma proporcional a su contenido en alcohol puro.
•Regular la excesiva disponibilidad del alcohol, restringiendo los horarios de venta en establecimientos donde no se consume, y prohibiendo su venta en gasolineras, establecimientos sanitarios y educativos y de atención a la infancia. Velar por el cumplimiento efectivo de estas normas.
•Regular la promoción y la publicidad del alcohol, reduciendo su presencia en el espacio público y en todos los medios de comunicación actuales y evitando su asociación con valores juveniles y de éxito.
•Normalizar el etiquetado de las bebidas alcohólicas que incluya de forma visible tanto su contenido en alcohol y calórico, como advertencias gráficas de los riesgos para los usuarios, con un tamaño y tipo de letra estandarizados que garanticen su visibilidad.
•Velar activamente por el cumplimiento efectivo de la normativa que impide la venta de alcohol a menores de edad.
•Extender la detección temprana y abordaje sistemático de los problemas de abuso y dependencia de alcohol. Incorporar el consejo breve en todos los niveles sanitarios asistenciales, especialmente en atención primaria.
•Garantizar que las personas con abuso o dependencia del alcohol puedan acceder fácilmente a un tratamiento efectivo en el sistema sanitario público, mejorando la información y coordinación entre los distintos dispositivos asistenciales sanitarios y sociales para aumentar su efectividad y reducir los abandonos de tratamiento.

