Cómo retrasar el envejecimiento de las mitocondrias y los telómeros

Comenzamos a envejecer desde el día que nacemos. En la primera etapa de nuestra vida, nuestros sistemas fisiológicos maduran hasta llegar a su pleno rendimiento, para después ir decayendo poco a poco

envejecimientoLas mitocondrias son unos orgánulos celulares que se encargan de descomponer los nutrientes que llegan a nuestro organismo y convertirlos en energía para las células. Simplificando, son algo así como las centrales energéticas de las células. Las mitocondrias producen hasta el 90% de la energía que necesitan nuestras células, y cuentan con su propio material genético, que es diferente del de las células. Tienen también otras funciones importantes, entre ellas la de señalización, diferenciación, muerte celular programada y control del crecimiento celular. Es decir, que juegan un papel clave en nuestros procesos de envejecimiento. Por eso es tan importante cuidarlas, y cuidarlas bien, aportándoles los nutrientes que necesitan.

Otro factor importante en el proceso de envejecimiento son los telómeros de los cromosomas, esa secuencia de ADN especial que se sitúa en los extremos de dichos cromosomas. Los telómeros son los encargados de proteger la información genética del organismo y de mantener el estado juvenil de nuestras células. A lo largo de toda nuestra vida, nuestras células se van dividiendo y creando nuevas células, para renovar nuestros tejidos, a partir del ADN de esos telómeros; y en este proceso los telómeros se van acortando. Cuando los telómeros son demasiado cortos, la célula es eliminada por el organismo.

Es por ello que la longitud de los telómeros constituye un biomarcador muy preciso del paso del tiempo en el organismo. Además, los telómeros cortos también se han relacionado con enfermedad coronaria, con cáncer y con mortalidad general. Los telómeros se acortan porque envejecemos, pero también envejecemos porque se acortan los telómeros. La responsable de la salud de los telómeros es una enzima llamada telomerasa, que es capaz en cierta medida de regenerar la longitud de los telómeros. Esto vendría a ser como retrasar nuestro reloj celular. Por eso es importante tenerlos en cuenta a la hora de cuidar nuestra salud.

Afortunadamente, la fitoterapia es una fuente valiosísima de antioxidantes con acciones concretas para estimular la nueva generación de mitocondrias y el alargamiento de los telómeros de los cromosomas. Por ejemplo, el té verde es muy rico en polifenoles, especialmente en galato de epigalocatequina, un flavonol que tiene la capacidad de alargar los telómeros en el ser humano. Un estudio de la Universidad de Hong Kong, realizado con 2.000 personas mayores de 65 años, relacionó el té verde con un estiramiento de los telómeros de un 46% más, equivalente a 5 años más de vida.

Otra planta interesante dentro de la farmacopea vegetal mundial es el astrágalo, utilizada por la medicina tradicional china desde hace milenios. Tiene innumerables propiedades: aumenta la cantidad de células madre de la médula ósea y el tejido linfático y favorece su desarrollo hasta convertirse en células inmunitarias activas. Estudios recientes sobre esta planta y sus extractos sugieren que es capaz de actuar sobre la activación de la telomerasa en los queratinocitos, los fibroblastos y las células inmunitarias en cultivo. Se ha comprobado que no tanto estira los telómeros, sino que evita el acortamiento de los mismos más allá del umbral crítico en que comienzan los efectos de la senectud.

A sus propiedades inmunomoduladoras se suman otras propiedades, como antioxidantes, antivirales y antiinflamatorias. Por los estudios realizados hasta el momento, parece que son los polisacáridos del astrágalo los que poseen la mayor capacidad para promover esta acción inmunomoduladora, y que son los flavonoides los principales responsables de sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Y ya se sabe que el principal enemigo a combatir en lo referente al envejecimiento es la oxidación.

Asimismo, la verdolaga tan abundante en algunas huertas pero también considerada maleza en muchos lugares, merece un lugar de honor entre las plantas con propiedades antienvejecimiento. Los resultados de un estudio con ratones evidenciaron diversos efectos beneficiosos, como un mejor aprendizaje y una memorización superior, efectos neuroprotectores, un aumento de los niveles de SOD (su peróxido dismutasa) y, especialmente, un aumento en la actividad de la telomerasa y de los telómeros de las células cerebrales, superior en más del 27% en relación con los ratones de control. En este estudio, la administración in vivo de verdolaga mostró una ralentización de entre el 24% y el 57% del acortamiento de los telómeros, tras tan sólo dos semanas de aporte complementario.

Existen suplementos alimenticios que en sus fórmulas complementan el aporte de estos extractos vegetales con otros componentes, como coenzima Q10, resveratrol, ácido R-lipoico, vitamina C y sal disódica de pirroloquinolina quinona (PQQ), todos ellos potentes antioxidantes. Especial interés ha despertado en los últimos años la PQQ, una molécula que se encuentra en todos los tejidos humanos y que influye en multitud de procesos fisiológicos y bioquímicos. Su capacidad parar realizar ciclos redox continuos, la posicionan como un gran cofactor y antioxidante.

En estudios preclínicos se ha evidenciado que la suplementación alimenticia con PQQ mejora la función y la formación de mitocondrias. Dada la importancia nutricional y el gran abanico de efectos fisiológicos que tiene la PQQ sobre la mitocondria, existe un gran potencial de investigación sobre el efecto de este nutriente en las enfermedades relacionadas con una baja función mitocondrial. Estas circunstancias incluyen el envejecimiento prematuro, varias patologías del cerebro y neurológicas, y muchas otras enfermedades degenerativas crónicas.

Reforzar la actividad antioxidante y antienvejecimiento de nuestras células con suplementos alimenticios que contengan estos componentes, puede ayudar a retrasar los efectos del paso del tiempo en nuestro organismo, eso sí, siempre que vayan acompañados de hábitos de vida saludables. Los comportamientos que más contribuyen al envejecimiento son el tabaquismo, el estrés, la contaminación, el sedentarismo, la falta de sueño, la ingesta de bebidas azucaradas y el excesivo consumo calórico. Mejorando estos hábitos y tomando los suplementos apropiados, podremos estar seguros de hacer lo que más les conviene a nuestras mitocondrias y a nuestros telómeros.

Dr. Jorge Enrique Ángel Lic. en Medicina y Medical Advisor en Laboratorio Equisalud

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