Cuando no hay señales de alarma, el consejo farmacéutico cuando hay dolor al tragar se basa en hidratación, evitar irritantes y soluciones de acción local para controlar dolor e inflamación.

Hay consultas en la farmacia que se repiten durante todo el invierno. Una de las más habituales es “me duele al tragar”. El cliente no suele buscar un diagnóstico, sino un alivio rápido y la tranquilidad de que no empeorará.
En el mostrador, la clave está en hacer las preguntas adecuadas. No se trata de un interrogatorio, sino de cinco cuestiones que ayudan a orientar correctamente.
¿Desde cuándo te pasa?
No es lo mismo una molestia reciente que un dolor de varios días. Actuar pronto ayuda a evitar complicaciones.
¿Tienes fiebre o malestar general?
Si hay fiebre alta o un empeoramiento progresivo, la derivación es la opción más responsable.
¿Notas placas, inflamación fuerte o dificultad para tragar?
El cliente suele describirlo como “rojo” o “ardor”. Esta pregunta detecta signos de alarma sin tecnicismos.
¿Te duele solo al tragar o también en reposo?
Si duele solo al tragar, suelen agradecer soluciones locales. Si duele también en reposo, puede indicar un cuadro más intenso.
¿Qué preferencias tienes?
Sabor, formato, tolerancia… A veces la adherencia falla más por el producto elegido y por su eficacia.
Cuando no hay señales de alarma, el consejo farmacéutico se basa en hidratación, evitar irritantes y soluciones de acción local para controlar dolor e inflamación.

En este contexto, opciones OTC como Septolete® (bencidamina + CPC) aportan un enfoque completo: acción analgésica, antiinflamatoria y antiséptica. Además, disponer de sabor miel- limón y el nuevo sabor cola ideal para un público más joven.
En el mostrador, no gana siempre el producto más famoso, sino el que el cliente sí se toma.

