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El aumento de la obesidad causará una crisis económica en el sistema sanitario

En el marco del Día Nacional de la Nutrición, el próximo 28 de mayo, expertos en nutrición alertan de que “los sistemas sanitarios difícilmente podrán asumir los costes, cada vez mayores, de atender la diabetes, la obesidad y sus complicaciones”. En la Europa del 2030 dos de cada tres europeos sufrirán sobrepeso

azúcar y obesidadEl azúcar es ocho veces más adictivo que la cocaína, según constata un estudio de la Universidad de Stanford. Detrás de la etiqueta de sacarosa, fructosa, glucosa, dextrosa, lactosa, maltosa, azúcar invertido o azúcar moreno, este «dulce veneno» se esconde detrás de más de cuarenta nombres. La radiografía parece nítida: el 80 % de los alimentos llevan azúcares añadidos y en España casi la mitad de los niños y niñas (45 %) de 0 a 12 años son obesos o padecen sobrepeso.

Los estudios muestran que, por primera vez en la historia, morirá más gente por los efectos de la obesidad que por el hambre. ¿Qué hay detrás de la industria del azúcar? Algunos expertos de la UOC analizan el negocio del azúcar desde el punto de vista de los grupos de presión, el marketing infantil y el aumento de la obesidad y la diabetes tipo 2. «La diabetes y la obesidad son problemas sanitarios muy graves a nivel mundial», afirma García-Lorda, directora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC.

Según la OMS, la Europa del 2030 se enfrentará a una crisis sanitaria y económica de «proporciones enormes», en la que dos de cada tres europeos sufrirán sobrepeso. España se sitúa entre los países donde se espera un incremento más importante: el 30 % de la población sufrirá obesidad, y el 70 %, sobrepeso. El futuro de la diabetes no es demasiado esperanzador. En los años ochenta, los adultos que padecían diabetes eran una población de 108 millones y el 2014 eran 422 millones. En menos de tres décadas ha habido un aumento del 75 % de los casos a nivel mundial. Además, «la diabetes tipo 2, la que tradicionalmente se diagnosticaba en adultos de mediana edad, se ha ido detectando en jóvenes y niños», los pediatras ya han alertado de un aumento en los próximos años afirma García-Lorda.

La experta alerta que estamos ante un problema también económico: «los sistemas sanitarios difícilmente podrán asumir los costes, cada vez mayores, de atender la diabetes, la obesidad y sus complicaciones». Según el Instituto McKinsey, el impacto económico de la obesidad es comparable al del tabaquismo o al de la violencia armada.

Industria alimentaria

¿Estamos ante una situación similar a la de la industria del tabaco cuando afirmaba que fumar no producía cáncer? Según explica García Lorda, «podemos encontrar algunos paralelismos entre una historia y la otra. Las actividades del marketing y del lobby de la industria alimentaria son muy parecidas a las que vivimos en el caso del tabaco».

A pesar de la evidencia científica de que el consumo de azúcares añadidos puede producir diabetes y obesidad, «la industria alimentaria está intentando minimizar a través de campañas presuntamente científicas o estudios financiados por la industria para tratar de contrarrestar el mensaje negativo». En 2004, por ejemplo, el lobby del azúcar en Estados Unidos recomendó que el 25 % de las calorías diarias proviniera del azúcar, una cantidad que es 2,5 veces superior a la que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Otro ejemplo es el estudio publicado conjuntamente por Coca-Cola y la Academia Americana de Médicos Familiares, que señalaba el sedentarismo como causante de la epidemia de obesidad y diabetes. «Es una estrategia para distraer la atención sobre el azúcar», afirma GarcíaLorda. ç

«La industria trata de dirigir el foco a otros causantes de la epidemia de obesidad, lo que, aun siendo cierto, no quita ninguna responsabilidad a sus productos». Algunos países como Dinamarca, Francia, Hungría, Noruega, Sudáfrica, México e Inglaterra han decidido aplicar un impuesto a las bebidas azucaradas y destinar el dinero a programas deportivos. «Empezamos a ver una fuerte presión sobre la industria alimentaria pero no debería ser una iniciativa aislada, sino un apartado más de una estrategia global de salud pública», afirma García-Lorda.

Los escondites del azúcar

A pesar de las intencionadas campañas para minimizar los prejuicios del azúcar, la realidad es que cada vez es más difícil encontrar productos libres de estos edulcorantes. Un claro ejemplo son los productos light. La percepción social es que tienen menos grasas y son más sanos. Una afirmación que niegan los expertos en nutrición de la UOC: «los productos light tienen un 30% menos como mínimo del nutriente en cuestión que el producto original.

Esto no quiere decir que tengan necesariamente una buena proporción de otros nutrientes: un yogur light o bajo en grasa puede tener un contenido más elevado de azúcares añadidos», afirma Alícia Aguilar, nutricionista de la UOC. «El gran problema es que una gran parte de estos azúcares libres están escondidos en productos procesados en los que es difícil, incluso, considerar la presencia de este edulcorante», explica Pilar García-Lorda. Según Judit Barrullas, profesora de Marketing de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, el marketing alimentario necesita «seducir a los consumidores mostrando los beneficios de los productos light». Lo hace «a través de frases publicitarias como: “0,0%”, “sin grasa”, “sin azúcar”, “diet”,“free” y de embalajes con grafismos que sugieren que es un producto saludable». A parte de los productos light, hay otro tipo de alimentos procesados que contienen un exceso de azúcar: en una lata de refresco podemos encontrar hasta 40 g de azúcar, una medida que equivale a 10 cucharaditas. Una salsa de tomate lleva tanto azúcar como una bolsa de galletas, aunque no lo parezca. Según un estudio de Harvard, este tipo de productos con un exceso de azúcar desencadena una respuesta hormonal que hace producir al cuerpo más insulina, lo que provoca más ansiedad y más sensación de hambre.

La industria alimentaria utiliza todos los recursos de marketing para acercar los productos con azúcar a los compradores más pequeños. Para Judit Barrullas, «el público objetivo infantil no es el consumidor del futuro, sino que ya es el consumidor del presente». Llegar a este público objetivo contribuirá a abrir su bolsillo el día de mañana: «el recuerdo de marca deja una huella futura en el consumidor; es decir el nivel de captación que consiga una marca con los más pequeños afectará a los productos que acabarán adquiriendo cuando sean mayores» explica Barrullas. Dejan atrás «argumentos racionales de compra para ganarse su confianza y, sobre todo, remarcando la experiencia y el deseo por encima de la necesidad».