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La disfagia multiplica por 3 el riesgo de desnutrición

El Dr. Juan Oliva Moreno explica cómo la disfagia no diagnosticada y no tratada correctamente supone un elevado coste, no solo económico para el sistema sanitario, sino también emocional tanto para el paciente como para su entorno

6ea71a0565dea91443f764fc95049d8aEn el entorno del 40º Congreso ESPEN de nutrición clínica y metabolismo, celebrado esta semana en Madrid, Nestlé Health Science ha organizado una sesión científica sobre disfagia orofaríngea desde un prisma económico y su aplicación en la práctica clínica. La disfagia orofaríngea, frecuente en ancianos, pacientes con enfermedades neurodegenerativas, supervivientes de ictus y personas con cáncer de cabeza o cuello, multiplica por 3 el riesgo de desnutrición en quien la padece.

La disfagia orofaríngea es la dificultad para tragar alimentos y líquidos. En ocasiones se acompaña de tos, atragantamiento, etc. Cuando esto sucede la comida o bebida puede desviarse en su recorrido natural derivándose hacia las vías respiratorias con riesgo de provocar una bronconeumonía a veces mortal. De creciente prevalencia debido al incremento en la esperanza de vida y de pacientes geriátricos, provoca en quien la sufre un sentimiento de miedo a la hora de comer y beber y limita la ingesta de alimento provocando desnutrición, deshidratación, neumonías por aspiración, pérdida de calidad de vida, mayor riesgo de complicaciones y morbilidad.

La disfagia supone un sobrecoste del 40%

La disfagia se ha estudiado muy poco a nivel económico, “incluso en las enfermedades que la tienen como síntoma no suele analizarse como problema por separado así que es difícil valorar su coste en el sistema sanitario o cuánto se podría ahorrar si se hiciera un seguimiento correcto de ella”, ha asegurado el Dr. Juan Oliva Moreno, profesor del departamento de análisis económico y miembro del Seminario de Investigación en Economía y Salud (SIES) de la Universidad de Castilla La Mancha. Los pocos estudios económicos realizados en estancias hospitalarias sobre pacientes con disfagia identifican un sobrecoste que en término medio alcanzan un 40%, con una estancia de 3 días.

La presencia de disfagia tras ictus incrementa el gasto en un 23%. En pacientes de 60 o más años, según un estudio realizado en centros geriátricos de Dinamarca, el incremento del gasto en residentes con disfagia es de casi 4.000 €, llegando a 6.000 € si añadimos los costes de servicios sociales. Otro dato relevante que se desprende de estos estudios y que ha presentado el Dr. Oliva es que las personas que padecen disfagia ingresan con mayor frecuencia en residencias al salir del hospital.

En España, el estudio PREDyCES ha analizado la prevalencia de desnutrición hospitalaria en pacientes con disfagia. En dicho estudio participaron 31 hospitales de España y 352 pacientes, y los resultados obtenidos demostraron que casi la mitad de los hospitalizados con disfagia, el 45,7%, tenían problemas de desnutrición; en los de edad avanzada esta cifra se elevaba a al 55%. El Dr. Oliva también ha presentado en el Congreso ESPEN datos relacionados con estancias hospitalarias en este subgrupo de pacientes, donde ha mostrado que los desnutridos con disfagia permanecían 2,7 días más hospitalizados en comparación con los disfágicos bien nutridos, lo que representa un coste adicional de 1.037€ por paciente y estancia. En personas mayores estos datos se incrementaban de manera exponencial.

Invertir en un seguimiento y una nutrición adecuada supone un incremento de gasto que consigue ganar salud y calidad de vida. Pero con el tiempo este gasto cada vez sería menor reduciéndose no sólo el impacto económico sanitario sino también social del entorno del paciente. Los modelos económicos presentados por el Dr. Oliva han demostrado que los suplementos nutricionales orales (SNO) en pacientes desnutridos determinaron un ahorro, procedentes fundamentalmente de menores costes de hospitalización, reducción de infecciones y complicaciones post
operatorias.