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¿Por qué la vuelta al trabajo puede afectar a la salud cardiovascular? Claves para evitarlo

José Ramón Rumoroso, director general de la Fundación EPIC, advierte de que el estrés sostenido, la falta de sueño y el sedentarismo pueden convertir la vuelta a la rutina en un periodo de mayor exposición a factores de riesgo para la salud cardiovascular.

La vuelta al trabajo tras las vacaciones no es, por sí misma, una amenaza para el corazón. El problema puede aparecer cuando el cambio de ritmo es demasiado brusco y se acumulan en pocos días madrugones, falta de sueño, jornadas prolongadas, sedentarismo, comidas desordenadas y una elevada carga de estrés.

Así lo explica José Ramón Rumoroso, director general de la Fundación EPIC, quien advierte de que “el problema no es trabajar, sino el cambio brusco: en verano bajamos revoluciones y, al volver, pretendemos pasar de cero a cien en cuestión de días”.

Y es que, como describe, ante una situación de estrés, el organismo activa una respuesta fisiológica normal: aumenta la liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol, se acelera temporalmente la frecuencia cardiaca y puede elevarse la presión arterial. Esta respuesta resulta útil cuando es puntual, pero cuando el estrés se mantiene durante semanas puede contribuir a un peor control de la presión arterial, alterar el sueño y favorecer cambios metabólicos y conductuales que, mantenidos en el tiempo, perjudican la salud cardiovascular.

“El cuerpo está preparado para responder a situaciones puntuales de presión. Lo que no resulta saludable es permanecer continuamente en ese estado de activación”, señala Rumoroso.

Septiembre no provoca infartos, pero puede concentrar varios factores de riesgo

El especialista subraya la importancia de no convertir la vuelta al trabajo en un fenómeno alarmista. No existe una base para afirmar que septiembre, por sí mismo, provoque infartos. Sin embargo, la reincorporación puede coincidir con la pérdida de rutinas saludables que se habían mantenido durante las vacaciones y con la reaparición simultánea de varios factores de riesgo.

“Septiembre no es un mes peligroso para el corazón por definición. Lo que debemos evitar es que el regreso a la rutina signifique dormir peor, movernos menos, comer peor y vivir permanentemente con prisas y estrés”, explica.

El estrés crónico se ha relacionado con hipertensión y con un mayor riesgo para la salud cardiovascular, aunque la relación entre estrés psicológico y enfermedad cardiovascular es compleja y no debe interpretarse como una relación directa de causa y efecto en cada individuo. 

“El estrés es una explicación demasiado cómoda para algunos síntomas”

Uno de los principales mensajes de la Fundación EPIC ante la vuelta al trabajo es no atribuir automáticamente al estrés cualquier síntoma físico.

Entre las señales que pueden acompañar a una sobrecarga de estrés se encuentran el insomnio persistente, la irritabilidad, las dificultades de concentración y el agotamiento mental. Pero hay síntomas que requieren una atención especial, especialmente cuando se repiten, aparecen en reposo o interfieren con la actividad habitual.

“Palpitaciones frecuentes, opresión o dolor en el pecho, falta de aire, cansancio desproporcionado, dolores de cabeza persistentes o cifras de tensión arterial elevadas mantenidas no deberían despacharse simplemente como ‘cosas del estrés’”, advierte Rumoroso.

El cardiólogo añade una reflexión especialmente relevante después del verano: los síntomas no entienden de calendarios.

“Durante las vacaciones algunas personas retrasan una consulta porque no quieren estropear un viaje o porque piensan que ya lo revisarán a la vuelta. Después, cuando regresan al trabajo, pueden atribuir esas mismas molestias al estrés. Son dos maneras distintas de posponer la misma señal de alarma. El corazón no espera a septiembre”.

Ante síntomas compatibles con una urgencia cardiovascular, especialmente dolor u opresión torácica intensa o persistente, dificultad respiratoria importante, desmayo u otros síntomas súbitos, la recomendación es buscar atención médica urgente.

Cinco claves de la Fundación EPIC para una vuelta al trabajo cardiovascularmente saludable
  1. Recuperar el sueño antes de recuperar el ritmo. Establecer horarios regulares y evitar pantallas inmediatamente antes de acostarse puede facilitar la transición hacia la rutina laboral. De todos los cambios que suelen acompañar a la vuelta al trabajo, Rumoroso sitúa el sueño entre los aspectos que más se tienden a infravalorar. “Dormir mal de forma continuada puede favorecer un peor control de la presión arterial, alterar el metabolismo y aumentar la sensación de estrés del día siguiente. Cuando el sueño falla, resulta mucho más difícil mantener el resto de los hábitos saludables”, explica. Uno de los objetivos prioritarios antes de reincorporarse debería ser recuperar progresivamente horarios regulares de sueño, evitando convertir los fines de semana en el único momento para “compensar” el descanso perdido.
  1. Evitar el “todo o nada”. No es necesario cambiar todos los hábitos el primer día. La adaptación progresiva suele ser más sostenible que intentar recuperar de golpe todas las rutinas.
  2. Romper el sedentarismo durante la jornada. Levantarse periódicamente, caminar durante algunas llamadas o utilizar las escaleras permite introducir movimiento sin necesidad de reservar toda la actividad física para el final del día. Y es que “pasar ocho o diez horas sentado tiene un impacto propio, aunque después hagamos algo de ejercicio. El error es pensar que todo se compensa. Dormir cuatro horas y pretender recuperarlo el fin de semana, o permanecer sentado prácticamente todo el día y confiar en que media hora de gimnasio lo solucione, no es la mejor estrategia”, señala Rumoroso.
  3. Mantener una actividad física regular. Caminar a buen ritmo, desplazarse activamente o realizar ejercicio adaptado a la condición física de cada persona ayuda a controlar factores de riesgo para la salud cardiovascular y también puede contribuir a gestionar el estrés. La actividad física regular es uno de los pilares de la prevención.
  4. No normalizar los síntomas. Palpitaciones recurrentes, dolor u opresión en el pecho, falta de aire, mareos, desmayos o una presión arterial persistentemente elevada merecen valoración médica cuando corresponda, en lugar de atribuirlos automáticamente al estrés.

“Cuidar el corazón no es incompatible con la vida laboral”

Para Rumoroso, la vuelta al trabajo debe plantearse como una oportunidad para recuperar el equilibrio y no como una carrera contra el reloj.

“No se trata de volver de vacaciones y transformar nuestra vida de un día para otro. Se trata de recuperar el equilibrio sin prisa, pero sin pausa: dormir adecuadamente, movernos más, cuidar la alimentación, reservar espacios reales de desconexión y, sobre todo, escuchar las señales de nuestro organismo”.

Y resume el mensaje de la Fundación EPIC con una idea: “Cuidar el corazón no es incompatible con la vida laboral; es precisamente lo que nos permite sostenerla”, concluye el experto.