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El poder de los omegas: De las membranas celulares a la función cognitiva y musculoesquelética

Los ácidos grasos omega-3 y omega-6 son ácidos grasos poliinsaturados (AGP). La evidencia indica que los omegas pueden desempeñar un papel significativo en la modulación de la respuesta inflamatoria.

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Estos consisten en ácidos grasos omega-3 (ácido alfa-linolénico [ALA], ácido eicosapentaenoico [EPA], ácido docosahexaenoico [DHA]) y ácidos grasos omega-6 (ácido linoleico, ácido araquidónico [AA], ácido gamma-linolénico [GLA] y ácido dihomo-gammalinolénico [DGLA]).

Los omega-3 y omega-6 son componentes esenciales de la doble capa fosfolipídica de las membranas celulares. Los AGP determinan la fluidez de la membrana y la actividad celular; además, son un requisito para los procesos normales de transducción de señales y participan en las acciones de las enzimas y receptores unidos a la membrana.

Omega-3 y omega-6: funciones y fuentes

El organismo es incapaz por sí mismo de producir ácidos grasos omega-3 y omega-6; por ello también se les denomina ácidos grasos esenciales, ya que tienen que estar presentes en la alimentación.

Mediante una dieta occidental, obtenemos (más que) suficiente ácido linoleico (LA) de los aceites y grasas vegetales y AA de la carne, mientras que el consumo de ALA del aceite de linaza, el aceite de canola y otras fuentes vegetales, y de EPA y DHA de los alimentos marinos, los pescados grasos y las algas, no lo es tanto.

La dieta mediterránea contiene una buena concentración de ácidos grasos para obtener una proporción de omega-6 y omega-3 beneficiosa (1) . Una proporción más alta y desfavorable de ácidos grasos omega-6 y omega-3 en los alimentos favorece la inflamación, entre otras cosas, y se ha asociado a muchas enfermedades crónicas relacionadas con la inflamación, como la artritis reumatoide y la enfermedad de Crohn (2,3) .

Omega-3 y cerebro: funciones neuronales

El DHA es un componente clave en las membranas neuronales, garantizando su fluidez y plasticidad. Está involucrado en la liberación de neurotransmisores mediante la formación y fusión de vesículas. En su forma libre, ejerce funciones moleculares como la modulación de la expresión génica mediante la unión a factores de transcripción como el factor nuclear kB (NF-kB), además de contribuir a la mielinización y el crecimiento neuronal.

El EPA se asocia principalmente con la reducción de la neuroinflamación y la mejora de la comunicación entre las células cerebrales (4). Además, ambos ácidos grasos promueven la neuroplasticidad al mejorar la sinaptogénesis (formación de nuevas conexiones sinápticas) y la neurogénesis (desarrollo de nuevas neuronas) (5).

Numerosos estudios clínicos evidencian el papel protector de EPA y DHA frente al deterioro cognitivo, influenciando la plasticidad sináptica, la fluidez de la membrana neuronal y la inflamación neurogénica. La ingesta insuficiente de ácidos grasos omega-3 se ha asociado con alteraciones cognitivas acompañadas de impulsividad. La suplementación con ácidos grasos omega-3 contribuye a reducir la hiperactividad y a mejorar la atención y otras funciones cognitivas en personas jóvenes con alteraciones cognitivas asociadas a deficiencias durante el desarrollo neuronal (6).

Omega-3 y recuperación funcional musculoesquelética

La transición hacia la mediana edad se caracteriza por una tendencia a la acumulación de inflamación de bajo grado y una menor capacidad resolutiva, lo que puede favorecer la aparición de molestias articulares recurrentes. En adultos mayores de 35 años, especialmente quienes realizan ejercicio regular, running, ciclismo o actividades de bajo impacto como pilates o yoga, el apoyo a las vías endógenas de resolución inflamatoria puede resultar relevante para mantener la movilidad, favorecer la recuperación y promover el envejecimiento activo (7) .

El EPA y DHA desempeñan un papel esencial en la integridad estructural de membranas celulares, la modulación inflamatoria y el funcionamiento musculoesquelético (8) . Más allá de su función estructural, EPA y DHA son precursores de una familia de moléculas bioactivas denominadas mediadores lipídicos especializados en la resolución de la inflamación (Specialized Pro- Resolving Mediators, SPM), entre los que destacan resolvinas, protectinas y maresinas. Estos compuestos participan en la resolución activa de la inflamación, un proceso fisiológico distinto de la inhibición clásica, y fundamental para restaurar la homeostasis tisular tras esfuerzos mecánicos o microlesiones repetidas (9, 10) .

Durante la actividad física o en situaciones de sobrecarga articular, la producción de citoquinas y la activación de neutrófilos generan un estado inflamatorio transitorio (11) . La resolución adecuada de este estado depende, en parte, de la disponibilidad de SPM derivados de EPA y DHA. Estudios experimentales han demostrado que estas moléculas reducen el reclutamiento de neutrófilos, promueven la fagocitosis de restos celulares por macrófagos y favorecen el cambio hacia un fenotipo reparador, facilitando la regeneración del tejido afectado (12) . Este patrón de activación contribuye a limitar la inflamación persistente, al tiempo que mantiene intacta la capacidad inmunitaria.

En las articulaciones, los SPM pueden modular vías implicadas en el dolor y la rigidez, interviniendo tanto en procesos de neuroinflamación como en la actividad de células sinoviales y condrocitos (13) . Ensayos clínicos en adultos con molestias articulares leves a moderadas han mostrado que la complementación con derivados de omega-3 ricos en SPM puede mejorar parámetros de dolor, rigidez y funcionalidad en escalas como Western Ontario and McMaster Universities Osteoarthritis Index (WOMAC), que se compone de tres subescalas: dolor (5 ítems), rigidez (2 ítems) y función física (17 ítems), o de acuerdo con los criterios Outcome Measures in Rheumatology – Osteoarthritis Research Society International (OMERACT-OARSI). Los resultados han mostrado beneficios en la reducción del dolor intermitente y en la capacidad para realizar actividades del día a día. Estas mejoras suelen observarse a partir de 8–12 semanas y se atribuyen al restablecimiento de mecanismos de resolución inflamatoria y a una menor persistencia de mediadores proinflamatorios.

Además, EPA y DHA contribuyen a la fluidez de membrana en células musculares y nerviosas, lo que favorece la transmisión neuromuscular y la contracción eficiente. En personas físicamente activas, varios estudios han señalado que una adecuada disponibilidad de omega-3 se asocia con menor daño muscular post-ejercicio, mejor recuperación funcional y reducción del dolor de aparición tardía (DOMS, Delayed Onset Muscle Soreness), especialmente cuando se combinan niveles adecuados de EPA y DHA (16, 17) .

Conclusión

Los ácidos grasos omega-3 de cadena larga (EPA y DHA) contribuyen a la integridad estructural de membranas celulares y son precursores de mediadores lipídicos especializados en la resolución de la inflamación, principalmente resolvinas, protectinas y maresinas, que participan en la recuperación tras el esfuerzo y el equilibrio inflamatorio fisiológico. En conjunto, la evidencia descrita indica que los ácidos grasos omega-3 de cadena larga y sus SPM pueden desempeñar un papel significativo en la modulación de la respuesta inflamatoria, la recuperación muscular, la homeostasis articular y el bienestar funcional en personas con estilos de vida activos o sometidas a sobrecarga mecánica repetida.

En el ámbito neuronal, el DHA y el EPA son ácidos grasos omega-3 esenciales que participan en la plasticidad sináptica, la fluidez de la membrana neuronal y la regulación de la neuroinflamación, procesos clave para la cognición. Su suplementación contribuye a mejorar la hiperactividad y la falta de atención en personas jóvenes con alteraciones cognitivas asociadas al desarrollo neuronal.

Natura Foundation, departamento científico de Bonusan

Referencias

(1) Galli C, Marangoni F. N-3 fatty acids in the Mediterranean diet. Prostaglandins, Leukotrienes and Essential Fatty Acids 2006; 75: 129–133.
(2) Ferrucci L, Cherubini A, Bandinelli S, et al. Relationship of plasma polyunsaturated fatty acids to circulating inflammatory markers. J Clin Endocrinol Metab 2006; 91: 439–446.
(3) DiNicolantonio JJ, O’Keefe JH. Importance of maintaining a low omega–6/omega–3 ratio for reducing inflammation. Open Heart 2018; 5: e000946.
(4) Shahidi, F.; Ambigaipalan, P. Omega-3 Polyunsaturated Fatty Acids and Their Health Benefits. Annu Rev Food Sci Technol 2018, 9, 345–381, doi:10.1146/annurev- food-111317-095850.
(5) Pickersgill, J.W.; Turco, C. V; Ramdeo, K.; Rehsi, R.S.; Foglia, S.D.; Nelson, A.J. The Combined Influences of Exercise, Diet and Sleep on Neuroplasticity. Front Psychol 2022, 13.
(6) Chang, J.P.-C.; Su, K.-P.; Mondelli, V.; Pariante, C.M. Omega-3 Polyunsaturated Fatty Acids in Youths with Attention Deficit Hyperactivity Disorder: A Systematic Review and Meta-Analysis of Clinical Trials and Biological Studies. Neuropsychopharmacology 2018, 43, 534–545, doi:10.1038/npp.2017.160.
(7) X. Li et al., Signal Transduct. Target. Ther. 8, 239 (2023).
(8) M. Shawl et al., Nutrients. 16, 1650 (2024).
(9) L. C. de Souza et al., Nutrients. 17, 2014 (2025).
(10) C. N. Serhan et al., FASEB J. 38, e23699 (2024).
(11) S. Docherty et al., BMC Sports Sci. Med. Rehabil. 14, 5 (2022).
(12) J. Dalli et al., Front. Immunol. 1, 1400 (2017).
(13) S. Jannas-Vela et al., Nutrients. 15, 871 (2023).
(14) I. Möller et al., J. Transl. Med. 21, 423 (2023).
(15) N. Callan et al., J. Transl. Med. 18, 401 (2020).
(16) D. Fernández-Lázaro et al., Nutrients. 16, 2044 (2024).
(17) Y. Kyriakidou et al., J. Int. Soc. Sports Nutr. 18, 9 (2021).