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María José Cachafeiro, farmacéutica, dietista y nutricionista: “La salud digestiva está en el centro de casi todo lo demás”

Desde su farmacia en La Felguera, María José Cachafeiro conoce cada día historias de digestiones lentas, pieles reactivas y estrés. Convencida de que el intestino es el punto de partida de muchas dolencias, defiende una farmacia con más formación, más empática y centrada en la escucha y la personalización del consejo.

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La farmacia comunitaria vive una transformación profunda en su papel dentro del cuidado digestivo, y María José Cachafeiro, farmacéutica cotitular de Farmacia La Pomar, ubicada en La Felguera (Asturias), es una profesional que está a la vanguardia de este cambio. Farmacéutica, dietista-nutricionista, consultora, y conocida como @laboticadetete en Instagram, lleva años integrando la nutrición y la microbiota en el consejo farmacéutico diario, con una visión que une la ciencia y la cercanía al paciente.

Desde su experiencia, María José Cachafeiro subraya la importancia de escuchar, personalizar y acompañar: “muchas veces el paciente necesita más comprensión que comprimidos”.

A lo largo de esta entrevista, la farmacéutica explica cómo la profesión ha pasado “del ‘omeprazol para todo’ a hablar de microbiota, disbiosis, hígado, estrés o permeabilidad intestinal”. Para María José Cachafeiro, la farmacia es la primera línea de escucha frente a los trastornos digestivos leves y un espacio privilegiado para educar al paciente, guiarlo con rigor científico y promover hábitos que favorezcan su bienestar digestivo y general.

María José, ¿podría contarnos brevemente su trayectoria profesional y cómo llegó a especializarse en nutrición y salud digestiva dentro de la farmacia comunitaria?

Soy farmacéutica comunitaria “de mostrador”, de las que escuchan cada día historias de pieles, tripas y hormonas. Con los años empecé a ver un patrón: muchos de los problemas que llegaban al mostrador —acné, fatiga, digestiones lentas, reglas dolorosas, ansiedad— tenían su raíz en el intestino. Esa curiosidad fue el principio de todo.

La verdad es que desde que acabé mi Licenciatura en Farmacia, nunca he dejado de formarme. En este tema en concreto, primero me formé en Microbiota, después me gradué en Nutrición Humana y Dietética, más tarde cursé un máster en Micronutrición y recientemente otro en Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE). Todo ello me ayudó a integrar la visión que aplico hoy: entender que la salud digestiva está en el centro de casi todo lo demás.

Desde Farmacia La Pomar aplicamos ese enfoque integrativo en el consejo farmacéutico diario. Y también lo cuento en mi libro Rejuvenece comiendo: la piel, la energía y hasta el estado de ánimo empiezan en el intestino.

Desde su experiencia, ¿cuáles son los problemas digestivos más frecuentes que llegan a la farmacia comunitaria?

Los campeones son la hinchazón y los gases, el estreñimiento, el reflujo y los dolores tipo SII, especialmente en mujeres jóvenes con mucho estrés.

Luego están las diarreas post antibiótico los “no me sienta bien nada” que esconden disbiosis o intolerancias leves. Y, por supuesto, los clásicos de temporada: las gastroenteritis y las malas digestiones de fin de semana.

¿Cómo ve el papel de la farmacia comunitaria en el manejo de los síntomas digestivos más frecuentes?

Fundamental. La mayoría de las personas con molestias digestivas leves no acuden al médico: vienen a la farmacia. Somos la primera línea de escucha y el punto más accesible del sistema sanitario. Desde aquí podemos diferenciar cuándo basta con un consejo y un producto bien indicado, y cuándo hay que derivar.

Además, el farmacéutico tiene una posición privilegiada para enseñar hábitos: aumentar la fibra y el agua, evitar irritantes, identificar el probiótico adecuado o prevenir la diarrea post- antibiótico. Y sobre todo, acompañar: muchas veces el paciente necesita más comprensión que comprimidos.

La microbiota intestinal y los probióticos son un tema de gran interés hoy en día. ¿Cómo aborda la farmacia su recomendación y seguimiento?

Desde el rigor y la personalización. Primero, seleccionamos productos con estudios clínicos publicados y cepas bien identificadas.

Después, adaptamos la elección a la situación concreta: no es igual un niño con diarrea post-antibiótico que una mujer con SII. Explicamos cómo tomarlos, durante cuánto tiempo y qué esperar.

Y revisamos a las 3 o 4 semanas, porque la microbiota necesita constancia y, a veces, pequeños ajustes. También insistimos en la dieta: ningún probiótico funciona si la alimentación sigue inflamando.

¿Cuáles son los mayores conflictos a los que se enfrentan los farmacéuticos al aconsejar probióticos, prebióticos y otros productos digestivos?

El principal reto es la sobresaturación del mercado. Hay una oferta enorme, pero no todos los productos tienen la misma calidad ni la misma evidencia.

El segundo, la infoxicación: el paciente llega con ideas de TikTok o de su vecina, y muchas veces confunde “natural” con “inocuo” o cree que todos los probióticos sirven para todo.

Y el tercero es el tiempo. Personalizar la recomendación requiere escuchar, entender el síntoma y, a veces, explicar por qué necesita un probiótico con Lactobacillus rhamnosus GG y no uno “con 20 cepas sin más”.

¿Qué papel juega el farmacéutico en la educación y el seguimiento de pacientes con síntomas digestivos leves o crónicos?

Un papel clave. Muchas veces somos los únicos que hacemos seguimiento real. Preguntamos cómo va, revisamos el tratamiento, corregimos errores de uso o explicamos cómo reintroducir alimentos.

La adherencia mejora cuando el paciente entiende el porqué. Y no hay que olvidar el acompañamiento emocional: el intestino es muy sensible al estrés, y el farmacéutico, si escucha, puede detectar mucho antes que nadie que algo no va bien.

¿Qué formación adicional considera que debería tener un farmacéutico para estar más preparado en salud digestiva?

Formación en microbiota y disbiosis (con base científica, no comercial), en nutrición aplicada al día a día del paciente (conocimientos básicos al menos en fibra, dieta FODMAP, dieta antiinflamatoria, etc.) y algo de fitoterapia digestiva.

También nos vendría bien, en general, comunicación: aprender a transmitir sin abrumar. El farmacéutico tiene los conocimientos, pero necesita traducirlos en mensajes que el paciente entienda y pueda aplicar.

Y ya, si es posible, sería genial la formación en PNIE para comprender cómo el estrés o las emociones afectan al intestino.

¿Cómo ha visto evolucionar la farmacia en España respecto a la atención a problemas digestivos en los últimos años?

Muchísimo. Hemos pasado del “omeprazol para todo” a hablar de microbiota, disbiosis, hígado, estrés o permeabilidad intestinal.

Ahora entendemos que el aparato digestivo no es un tubo, es un ecosistema. Hay más formación, más productos con evidencia y, sobre todo, más conciencia del paciente. Ya no busca solo aliviar el ardor: quiere saber por qué lo tiene.

¿Y cómo ve la evolución de la colaboración entre médicos digestivos y farmacéuticos en España en los próximos años?

Hay una oportunidad enorme. El farmacéutico puede hacer cribado y seguimiento; el médico, diagnóstico y tratamiento. Si sumamos fuerzas, el paciente gana.

Cada vez hay más médicos abiertos a trabajar de forma coordinada, sobre todo en casos de SII, disbiosis o intolerancias, donde el acompañamiento desde farmacia marca la diferencia.

Creo que el futuro pasa por eso: equipos que trabajen en red y pongan al paciente, verdaderamente, en el centro.

¿Qué tendencias o innovaciones en salud digestiva cree que impactarán más en la farmacia en el futuro cercano?

Creo que estamos justo en la antesala de una nueva generación de herramientas para la microbiota: los llamados “probióticos de próxima generación” (Next-Generation Probiotics, NGPs).

Estos son microorganismos que hasta hace poco solo se encontraban en la investigación, no en los estantes de farmacia, y que prometen un abordaje más específico y personalizado para problemas digestivos y metabólicos. Por ejemplo, cepas como Akkermansia muciniphila o Faecalibacterium prausnitzii están siendo estudiadas por su capacidad para mejorar la barrera intestinal, modular la inflamación y favorecer el metabolismo energético.

Además, también emergen nuevas presentaciones (microcápsulas, sistemas de liberación dirigida), y el paciente empieza a pedir soluciones “a su medida”. Y ahí la farmacia debe estar preparada: no solo dispensando, sino guiando en qué productos tienen evidencia, en qué pacientes pueden encajar y cuándo derivar. Esta tendencia afecta directamente al eje intestino-cerebro-microbiota que tanto nos importa.