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“Tenemos un sistema sanitario hospitalocéntrico”, Vicente J. Baixauli Fernández, presidente de Sefac

Él no decidió conscientemente dedicarse a la farmacia comunitaria. “Sencillamente la descubrí, y no fui consciente de la vocación hasta que ya llevaba tiempo ejerciendo”. Asi lo explica el presidente de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC), Vicente J. Baixauli Fernández, en una entrevista a la “revista farmanatur”

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sefac presiVicente J. Baixauli llegó al cargo de presidente de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (SEFAC) en plena segunda ola de pandemia. Pero no era ‘novato’ en el organismo, puesto que ya había ostentado el cargo de miembro de su Junta Directiva como vocal entre 2004 y 2008 y como vicepresidente desde 2008. Baixauli es farmacéutico comunitario en Mislata (Valencia) y doctor en Farmacia.

¿Cómo resumiría su recorrido profesional hasta llegar a la presidencia de SEFAC?

Ha sido un recorrido de aprendizaje progresivo de algo más de 20 años. Comencé a relacionarme con farmacéuticos que tenían las mismas inquietudes que yo, formando parte de grupos de trabajo y participando en cursos de formación y en estudios de investigación, tanto en el colegio de farmacéuticos como en la sociedad científica. Luego, como vocal de las juntas directivas en ambos lugares desempeñando funciones muy técnicas y relacionadas con temas profesionales (formulación magistral, calidad, seguimiento farmacoterapéutico, dispensación, spd…). En el colegio de Valencia seguí como vocal hasta 2016, y en SEFAC debuté como vicepresidente segundo en 2008, y posteriormente en 2012 como vicepresidente primero, hasta llegar a la presidencia en 2020.

Ha estado al frente de SEFAC en plena pandemia, sin duda, una posición bastante dura, ¿cómo ha vivido este tiempo personal y profesionalmente?

Ha sido, y sigue siendo, una etapa muy difícil para todos, y, aunque ahora parece que el escenario ha mejorado, la realidad es que el virus aún sigue condicionando a la farmacia comunitaria y no hemos vuelto todavía a la situación previa al estallido de la pandemia. A nivel personal, la pandemia me ha hecho ver la vida de otra forma, valorando más algunas cosas a las que antes no les daba tanto valor. Desde el punto de vista profesional, como farmacéutico comunitario, el sentimiento es agridulce. Por un lado, creo que hemos demostrado una vez más que la farmacia comunitaria sabe responder en los momentos difíciles y es esencial para que la población reciba una atención sanitaria de calidad. Todo ello con nuestros propios medios y esfuerzos, porque no hemos contado con un respaldo suficiente de las diferentes administraciones. Lamentablemente, esto también provocó que no se contara con la farmacia en un primer momento y las medidas que se han acabado aplicando en el tiempo, como la realización de los test de detección precoz en las farmacias, se hayan hecho tarde y de una manera muy mejorable.

¿Cuáles han sido los mayores fallos en la gestión de esta pandemia? ¿Cree que se ha focalizado mucho en el coronavirus y se han desatendido otras afecciones?

No me gusta hablar de fallos, porque es evidente que todos, de una manera u otra, nos vimos sorprendidos por la pandemia, sobre todo al principio. Creo que sí se puede hablar de cosas que hay que mejorar. En este sentido, la primera conclusión que extraigo a nivel general es que, como sistema sanitario, no hemos aprendido la lección. El que teníamos antes de la pandemia no era tan sólido como creíamos, y ahora tenemos un sistema sanitario hospitalocéntrico en donde, a pesar de que predominan cada vez más las patologías crónicas, se priorizan los recursos de la atención especializada frente a la atención primaria y la salud comunitaria. En cualquier caso, es necesario invertir más en salud pública y en atención primaria, que es donde se tratan y se hace el seguimiento a la mayoría de enfermedades crónicas que, efectivamente, han recibido menos atención durante la pandemia. De hecho, según la Plataforma de Organizaciones de Pacientes, en el último cuatrimestre de 2020, solo la mitad de los pacientes con patologías crónicas pudo continuar sus tratamientos y recibir consultas con normalidad.

¿Qué papel ha tenido la farmacia durante la pandemia? ¿Cree que ha avanzado el sector en el camino de formar parte en un futuro del Sistema Nacional de Salud?

Creo que sin la labor de las farmacias el impacto negativo de la pandemia en la salud de la población habría sido mucho mayor. Los farmacéuticos comunitarios hemos estado pendientes de nuestros pacientes crónicos, hemos realizado atención farmacéutica domiciliaria a los más vulnerables, tanto en el medio rural y como en el urbano cuando, hemos ofrecido educación sanitaria e información sobre las medidas de prevención y, cuando nos han dejado, hemos contribuido también a la detección precoz de la Covid-19 mediante la realización de test rápidos. Además, hemos colaborado también en la dispensación de medicamentos de ámbito hospitalario. Sin embargo, también creo que podemos hacer aún mucho más para colaborar de forma habitual con el resto del Sistema Nacional de Salud (SNS), algo que también requiere voluntad política.

¿Cómo podría darse un modelo de colaboración Farmacia comunitaria-Farmacia de Atención Primaria-Farmacia Hospitalaria?

Puede darse si las partes quieren y hay apoyo por parte de las administraciones. Creo que siempre hay que pensar en el bienestar de los pacientes, y la colaboración y coordinación entre niveles asistenciales también debería estar fuera de toda duda. En nuestro congreso nacional, que celebraremos del 5 al 7 de mayo en Madrid, vamos a hablar precisamente de este asunto y esperamos dar pasos adelante en esta dirección. Más allá de las palabras bien intencionadas, es tiempo de pasar a los hechos y a las acciones, y ya se han llevado a cabo algunas iniciativas aisladas que permiten pensar que cuando se quiere, se puede. Se debería trabajar en que el seguimiento de los tratamientos y las patologías pudiera hacerse a nivel comunitario, aunque tengan una prescripción y primera dispensación en el hospital.

Los médicos y farmacéuticos deben ir en conjunto para una mejor atención del paciente, ¿qué herramientas se pueden llevar a cabo?

Desde SEFAC hace mucho tiempo que trabajamos en esa dirección y una prueba de ello es el gran número de guías y documentos de consenso que hemos publicado con todo tipo de sociedades científicas médicas. Además, desde hace varios años venimos celebrando conjuntamente con la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) el congreso médico-farmacéutico, una iniciativa absolutamente pionera, y, en mi opinión, más que necesaria. Así pues, cuando hablamos de herramientas o de acciones que pueden ayudar a mejorar esa colaboración, citaría la formación conjunta (participación en cursos, jornadas, congresos, sesiones clínicas…), la mejora de la comunicación bidireccional mediante un mejor aprovechamiento de las herramientas tecnológicas disponibles, como la receta electrónica o el acceso al historial farmacoterapéutico del paciente, y la realización de más protocolos y documentos de consenso.

¿En qué situación se encuentra el sector farmacéutico valenciano? ¿Cómo ve la situación de las farmacias de esa Comunidad con respecto a otras CCAA?

La situación en la Comunidad Valenciana no es muy dispar, a grandes rasgos, de las de otras comunidades autónomas en lo que al sector farmacéutico se refiere. Quizá el gran problema que existe en España es que, al ser un modelo que tiene las competencias sanitarias transferidas a las comunidades autónomas, no existe homogeneidad en muchas materias. Afortunadamente, y a pesar de las dificultades que siempre existen, se dejaron atrás los años difíciles de impagos por parte de la Administración. En la actualidad, el gran reto de las farmacias valencianas, como las del resto de España, es reforzar toda su vertiente clínica para que las farmacias no sean arrinconadas o minusvaloradas como agentes sanitarios. El farmacéutico comunitario debe ser consciente de esto y defender su valor diferencial, porque es el de un profesional clínico experto en medicamentos.

¿Están las oficinas de farmacia preparadas para esta nueva transformación digital que estamos viviendo?

Deberíamos concienciarnos de que hay que prepararse sin demora. La digitalización y las nuevas tecnologías están cambiando nuestra forma de relacionarnos a todos los niveles, también a nivel sanitario, y a toda velocidad, antes incluso de que podamos asimilarlas, proceso que ha sido acelerado por la pandemia. De hecho, en el congreso de SEFAC presentaremos la propuesta sobre la teleatención farmacéutica, con la que queremos también huir del concepto telefarmacia, que tiene muchas connotaciones comerciales. Esto implica saber qué tipo de consultas podrían hacerse por vía telemática, con qué tipo de pacientes y con qué protocolos, pues estos son personas, en muchos casos vulnerables, y necesitan un trato personal que les genere confianza y seguridad. El exceso de tecnología conlleva también algunos riesgos, como el de caer en la deshumanización, y hay que evitarlo.

¿Qué planes tiene SEFAC de cara a 2022?

Nuestro primer objetivo es lograr que el congreso en Madrid repita los éxitos de ediciones anteriores. Sabemos que no será fácil, pues las circunstancias siguen siendo difíciles para muchos compañeros y la pandemia sigue sin cerrarse, aunque mejore. Además, a final de año remataremos con la cuarta edición del congreso SEMERGEN-SEFAC y retomaremos también la iniciativa ‘El farmacéutico que necesitas’, con carpas de servicios profesionales farmacéuticos asistenciales por toda España.

Por último, denos 3 beneficios del sector farmacéutico para la sociedad y 3 puntos a mejorar por parte del sector, de los farmacéuticos o de las administraciones.

Beneficios. Primero, creo que los farmacéuticos comunitarios han antepuesto siempre los intereses de la población y los pacientes a sus propios intereses. Ningún paciente se ha quedado sin su medicación cuando la ha necesitado. Siempre ha habido un farmacéutico comunitario prestando servicio. Segundo, la sociedad se ha dado cuenta de que hacen falta profesionales sanitarios cualificados y expertos en medicamentos que garanticen un uso seguro y efectivo de los fármacos, y estos son los farmacéuticos comunitarios. Tercero, la red de farmacias es la red de establecimientos sanitarios más grande del país. Más de 22.000 farmacias, con más de 55.000 farmacéuticos. Esto no solo tiene un valor sanitario, sino que ahora también tiene uno social como elemento capaz de vertebrar la sociedad y el maltrecho Estado de Bienestar. En cuanto a las mejoras… lo primero es comprometerse más aún con nuestra vertiente clínica, desarrollar más los servicios profesionales farmacéuticos asistenciales y ser plenamente conscientes de que solo esto nos permitirá seguir siendo esenciales. Segundo, falta un mayor respaldo de la Administración, el cual debería notarse en permitir una participación más activa de los farmacéuticos comunitarios en los planes estratégicos sanitarios de las distintas administraciones, porque se nos sigue viendo en muchas ocasiones como una parte ajena al sistema. Por último, la farmacia y el sector farmacéutico ha sufrido muchos vaivenes y cambios legislativos, y es hora de que esto cambie, de que el farmacéutico comunitario deje de ser visto como un agente burocrático y que se les provea de herramientas mejor desarrolladas desde el punto de vista asistencial y mejorar así la comunicación con otros profesionales sanitarios.

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