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Miguel Ángel García, presidente del COF de la Rioja: “Garantizar la continuidad de la farmacia rural es una cuestión de justicia social”

Miguel Ángel García afronta su etapa al frente del COF de La Rioja con tres metas claras: fortalecer la farmacia rural, impulsar la nueva Ley de Farmacia y consolidar el papel asistencial del farmacéutico dentro del sistema sanitario.

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La farmacia tiene todavía hoy muchos retos por delante. La rural debe hacer grandes esfuerzos por sobrevivir; la urbana necesita consolidar el papel del farmacéutico como profesional sanitario. Así lo ve Miguel Ángel García, licenciado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid, diplomado en Sanidad y, desde septiembre de 2024, presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de La Rioja

Durante toda su vida ha ejercido en la farmacia comunitaria en Nalda, un municipio de apenas mil habitantes de La Rioja. Sabe de primera mano las dificultades que enfrentan en el medio rural y así lo ha expuesto ante la revista farmanatur en esta entrevista. Además, ha compartido su visión acerca de los desafíos a los que se enfrenta su profesión, el sesgo de género que todavía existe en ella, el papel de la farmacia en el sistema sanitario actual y el rol del farmacéutico en la vida de los pacientes.

Desde su llegada a la presidencia, ¿qué líneas estratégicas ha marcado como prioritarias?

Partimos de una base muy sólida, gracias al excelente trabajo de la junta anterior, y eso nos ha permitido centrarnos desde el primer día en lo que consideramos más urgente. Tres líneas fundamentales: la sostenibilidad de la farmacia rural, el impulso a la nueva Ley de Ordenación Farmacéutica y el refuerzo del papel asistencial y social de la farmacia. Todo ello con un hilo conductor que para mí es irrenunciable: el paciente en el centro. Cada decisión que tomamos tiene que pasar por ese filtro. ¿Mejora esto la atención al ciudadano? Si la respuesta es sí, vamos adelante.

¿Cuáles han sido los principales retos en esta primera etapa y cómo los ha abordado?

El reto más inmediato ha sido acompañar el proceso parlamentario de la nueva Ley de Farmacia, en la que llevamos tiempo trabajando con la Administración. Ha requerido mucha dedicación, comparecencias, diálogo con todos los grupos políticos… pero ha valido la pena porque es una ley construida desde el consenso y pensada para durar. 

Paralelamente, hemos puesto en marcha iniciativas contra la soledad no deseada en colaboración con el Ayuntamiento de Logroño y con el Gobierno de La Rioja, que ya han permitido detectar casos graves de aislamiento. Son proyectos que demuestran que la farmacia puede y debe ir más allá del medicamento.

Más allá del ámbito institucional, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta actualmente la farmacia, en entornos urbanos y rurales?

En el entorno urbano, el gran reto es consolidar ese rol asistencial: que la farmacia sea reconocida como el primer escalón del sistema sanitario, no solo como un punto de dispensación. 

En el rural, el desafío es de supervivencia y equidad. Cerca del doce por ciento de nuestras farmacias están en situación de viabilidad económica comprometida, todas ellas en pueblos pequeños. En muchos de esos municipios, la farmacia es el único servicio sanitario disponible cada día. Garantizar su continuidad es una cuestión de justicia social. Y en ambos entornos hay un denominador común: la necesidad de que la sociedad y las instituciones reconozcan plenamente todo lo que el farmacéutico aporta.

Sobre el programa piloto de Farmacia Comunitaria Rural, ¿qué resultados preliminares observan y qué esperan a medio-largo plazo?

Estamos en una fase muy ilusionante. El programa incluye las Escuelas Rurales de Salud, la elaboración de sistemas personalizados de dosificación y la revisión de botiquines caseros, que en muchos hogares acumulan medicamentos caducados o ya innecesarios. Los equipos técnicos tienen el diseño muy avanzado y ya hemos iniciado los primeros pilotajes en municipios riojanos. 

A medio plazo, el objetivo es demostrar que una farmacia rural que ofrece más servicios es una farmacia viable y que ese modelo puede exportarse al resto de España. Estamos convencidos de que lo conseguiremos.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer pusieron el foco en la perspectiva de género en la atención farmacéutica. ¿Por qué es importante?

Porque durante demasiado tiempo la medicina y la farmacología han tomado al hombre como referencia universal, y eso tiene consecuencias reales en la salud de las mujeres. Los medicamentos pueden actuar de forma diferente según el sexo, los síntomas de ciertas enfermedades se presentan de manera distinta, y hay condiciones específicas de la salud femenina que históricamente han estado infrarrepresentadas en la investigación. Incorporar la perspectiva de género no es una cuestión ideológica, es una cuestión de rigor científico y de equidad en la atención sanitaria. Y la farmacia, por su accesibilidad y cercanía, tiene una posición privilegiada para marcar la diferencia.

¿Cómo se traduce en el día a día de la farmacia comunitaria esa atención diferenciada?

Se traduce en estar alerta a síntomas que en mujeres pueden presentarse de forma atípica, como ocurre con el infarto de miocardio. En tener en cuenta las interacciones hormonales en la revisión de la medicación. En abordar con naturalidad y sin prejuicios temas relacionados con la salud sexual y reproductiva, la menopausia o la salud mental, donde las mujeres consultan con más frecuencia. 

El farmacéutico que conoce a sus pacientes, que las escucha y que está formado en estas especificidades puede marcar una diferencia enorme en su calidad de vida. Es parte de esa farmacia más asistencial y más humana que queremos ser.

En una profesión con alta presencia femenina, ¿existe correspondencia real en los niveles de liderazgo?

Es una pregunta que hay que hacerse con honestidad. La Farmacia es una de las profesiones sanitarias con mayor presencia de mujeres, tanto en las facultades como en el ejercicio profesional. Sin embargo, esa presencia no siempre se ha traducido de manera proporcional en los órganos de representación y dirección. 

En nuestra junta de gobierno hemos dado pasos importantes en ese sentido, con nuestra vicepresidenta, Esperanza del Campo, y una mayoría femenina de vocales que aportan una visión imprescindible. Pero el camino no ha terminado. Debemos seguir trabajando para que el talento femenino, que en nuestra profesión es amplísimo, tenga el reconocimiento y el espacio que merece en todos los niveles.

¿Qué papel debe desempeñar la farmacia comunitaria dentro del sistema sanitario en los próximos años?

El de un agente sanitario de pleno derecho, integrado en el sistema, no paralelo a él. La farmacia debe ser reconocida como el primer punto de contacto para muchas consultas de salud, aliviando la presión sobre los centros de atención primaria y los servicios de urgencias. 

Podemos hacer seguimiento farmacoterapéutico, detectar problemas de salud de forma precoz, apoyar en programas de vacunación y cribado, y acompañar a pacientes crónicos en su día a día. Todo eso ya lo hacemos en gran medida. Lo que pedimos es que se formalice, se coordine y se reconozca dentro de las políticas sanitarias. Un sistema que cuenta con la farmacia es un sistema más seguro, más eficiente y más equitativo.

¿Qué rol puede desempeñar el farmacéutico en la detección y prevención de problemas relacionados con los medicamentos, especialmente en pacientes crónicos o polimedicados?

Un rol absolutamente fundamental, y en gran medida ya lo estamos ejerciendo. El farmacéutico es el último profesional sanitario que ve al paciente antes de que tome su medicación, y eso nos coloca en una posición única para detectar posibles interacciones, duplicidades o errores de dosificación. En pacientes polimedicados, que suelen ser mayores y con varias patologías crónicas, ese control puede prevenir ingresos hospitalarios y mejorar enormemente su calidad de vida. Los sistemas personalizados de dosificación, que preparamos en muchas farmacias, son una herramienta muy eficaz en ese sentido. Es precisamente ahí donde la farmacia demuestra que su valor va mucho más allá del mostrador.

¿El paciente percibe hoy al farmacéutico como un profesional asistencial o predomina la visión ligada a la dispensación?

La percepción ha evolucionado mucho, especialmente desde la pandemia, cuando la farmacia fue uno de los pocos recursos sanitarios que no cerró ni un solo día. La ciudadanía nos percibe cada vez más como un espacio de confianza, de escucha y de ayuda. Pero es verdad que todavía conviven dos imágenes: la del farmacéutico que despacha y la del profesional sanitario que acompaña. Nuestro trabajo es hacer que la segunda sea la predominante, no solo en la percepción social, sino también en los marcos normativos e institucionales. Cada interacción en la farmacia es una oportunidad para demostrarlo.

Para terminar, Miguel Ángel, ¿qué objetivos le gustaría haber cumplido al final de su mandato?

Me gustaría que al final de este mandato la farmacia rural riojana fuera más fuerte y más visible que cuando empezamos, con servicios reconocidos y remunerados que garanticen su continuidad. Me gustaría que la nueva Ley de Farmacia estuviera plenamente desplegada y que se notara en el día a día de los ciudadanos. Y me gustaría, sobre todo, que el farmacéutico riojano se sintiera más reconocido, más integrado en el sistema sanitario y más orgulloso de su profesión. Si al acabar este tiempo podemos decir que hemos aportado algo a cada una de esas metas, habrá valido la pena.